domingo, marzo 20, 2005

Personaje

Como no podía sentir ninguna emoción, el hombre se inmiscuía entre las personas y lograba hacerles despertar los más diversos sentimientos.
De ellos se alimentaba entonces, como un vampiro de la sangre ajena. Vivía todo de segunda mano. Pero con una persistencia y una fuerza que confundía.
Se metía entre dos y los hacía enamorar; había decidido que otros se pelearan, así tenía por lo menos una vaga idea de lo que eran el amor y el resentimiento.
Pero no podía involucrarse.
Era como una hoja en blanco que nadie puede escribir o como un ángel triste que fue apartado del cielo.

sábado, marzo 19, 2005

Leído por ahí

Dijo Agatha Christie:

Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará.
(Se reciben propuestas, y esto obvio que es de mi autoría).

jueves, febrero 17, 2005

Estoy aquí

He regresado con ganas de no volver.
Y como siempre que uno regresa, en findelmundoo se ve todo muy apretujado entre las montañas y el mar, terroso, algo desprolijo, quizás hasta "cateto" como alguien alguna vez osó decir ante mi horror.
Fueron exactamente 5000 km, de los cuales volví muy torpe para conducir dentro de las ciudades, odiando los camiones de largos acoplados y el pavimento. Descubrí que amo el ripio, donde me siento como en casa, porque podía adelantarme a autos y camiones con pericia y avanzaba con rapidez, alerta, sin sueño. En el asfalto, que uso como sinónimo de pavimento, pese a que me advirtieron que no se trata de la misma cosa, me aburrí como un hongo (¿cómo se aburren los hongos?), salvo por algunos cielos y ciertos ocasionales compañeros de ruta como guanacos y avestruces que en realidad son ñandúes.
Visité playas despobladas, de esas por las que nadie se desvive, pueblos fértiles enclavados en medio de la estepa, playas con mucha gente, ciudades petroleras, puertos fruteros, me quedé con ganas de la ruta 40, me divertí, me cansé, me reí, comí, tuve pesadillas, tomé mucho sol, también caminé bastante, en algunos tramos nocturnos con mucha lluvia me puse un poco nerviosa.
Lo que más me gustó: sentarme al volante cada mañana y salir con un destino definido, pero sabiendo a la perfeccción que lo interesante del viaje serían los imprevistos, eso que hace que cada travesía sea diferente a la anterior.
Ahora me siento como un león enjaulado.

miércoles, enero 26, 2005

Hasta la vuelta

Como despedida, aquí van unos haikus, ya que en algún blog, hablaron de ellos. Pertenecen a mi hermana.

Angeles locos
en paños menores
se prueban las alas.

Leo las páginas
de la ballena blanca
infancia perdida.

Glorias pasadas
la cantante de ópera
añora en privado.

Música clara
se escucha a lo lejos
la trae el viento.




domingo, enero 23, 2005

El secreto

No sé con qué sueña la gente cuando se va de vacaciones.
Yo, por ejemplo, sueño con quedarme a vivir, después de ir a la playa, eso sí, en San Julián, un pequeño pueblito costero de la provincia de Santa Cruz, donde los vecinos se conocen todos, como ocurría años atrás en findelmundo y turistas esporádicos visitan su hermosa ría.
Conseguirme un trabajo frente al mar.
Enamorarme tal vez de un hombre de campo.
Quiero decir de un dueño de estancia, ya que no me daría maña para esquilar una oveja.
En cambio, leer un libro junto a la ventana, saboreando un té de frutas, y levantar de tanto en tanto la vista para admirar los últimos rayos de sol iluminar mis tierras, sí que me saldría muy bien.
Ja ja...ni yo me lo creo.
Porque no puedo decir con lo que en realidad sueño.
No vaya a ser que no se cumpla.

viernes, enero 21, 2005

Divagaciones

Mientras preparo mis cosas para viajar me asalta una duda existencial:
-¿Qué hago con la ropa de verano que no me entra?
¿La regalo o la guardo como testimonio de que en una época de mi vida fui mucho más flaca? No me digan que la guarde para no tener más remedio que adelgazar, porque he comprobado que es mentira.
Tampoco puedo conservarla hasta cuando vuelva a fumar, porque eso nunca sucederá.
En definitiva creo que me cansé de mi vieja ropa y la quiero lejos de mi vida.
Aparte cuando era más flaca no era más felíz....o sea que una cosa no va con la otra, es decir que no tienen nada que ver delgadez y felicidad.
Pero tampoco gordura y alegría.
¿ Y entonces...la regalo, no la regalo, la regalo, no...?



martes, enero 18, 2005

Vacaciones

Dentro de poco salgo de vacaciones.
Lo que significa que salgo de la isla, pero me quedo en Patagonia, como me gusta.
Voy a manejar durante 4000 km y un poco más.
No veo la hora.
De pasar por estaciones de servicio casi vacías y hoteles desmantelados, como en las películas de Sorín, de ver gaviotas picoteando entre las piedras frente al estrecho de Magallanes, de perderme en el tiempo mientras miro los interminables cables de teléfono, de tomar café caliente frente al mar en San Julián y té perfumado en Gaimán y esquivar el viento en Comodoro y también a los vecinos de findemundo que pululan a lo largo de la ruta.
Qué bueno.
No usar medias por muchos días.

viernes, enero 14, 2005

Lluvias necesarias

Hubo un temporada de lluvias casi tropicales en findelmundo.
El cielo se oscurecía de pronto, se encrespaban las aguas del canal y en dos segundos se desataba el diluvio de gotas gordas, casi dolorosas.
Me he mojado con ganas y sin ganas, sin querer y a propósito, siempre mucho, como cuando no vivía aquí y este tipo de lluvias era lo cotidiano.
Me he mojado con placer y a veces hasta con tristeza.
Pero era necesario.
Había mucho por lavar en findelmundo.
Ahora se siente más fresco.


domingo, enero 09, 2005

De compras

Hay épocas en que entrar a la ferretería tiene para mí el mismo encanto que ingresar a una librería o a una tienda de ropa. No sólo eso, sino que me compraría todo: esos clavos en bolsita, los picaportes dorados, una pintura esmaltada...
En esas andaba, husmeando por todos lados cuando me choqué con otra persona de atrás. Miré de soslayo y ví que era un hombre con el pelo totalmente blanco, cortado muy cortito, casi como un cepillo. Parecía un pelo muy suave y brillaba como el de las muñecas. Vestía unos vaqueros grandes y una campera de polar verde inglés, arremangada como usan los que están trabajando en una obra y tienen que interrumpir para salir corriendo a comprar algún elemento cuya cantidad calcularon mal.
No estaba solo.
A su lado había una mujer bastante grande de edad, mucho mayor que el hombre, también con el pelo blanco y corto, también con vaqueros grandes y campera verde pero de nylon, arrugada.
Como estaban junto a mí pude escuchar que apenas balbuceaban el castellano y tenían los ojos muy azules. Me pareció extraño que unos turistas necesitasen algo de la ferretería, a no ser que fuesen dueños de un velero.
Me gustó la seguridad con que llevaban sus años y su pelo cano, la soltura, la actitud de llevarse el mundo por delante, la experiencia y la sabiduría que se advertían en los gestos, contrariamente a lo que demuestra los ancianos de este país, donde el culto a la juventud los defenestra antes de tiempo.
Pagaron ocho pesos en la caja con un billete de diez todo dobladito.
El hombre me llamaba mucho la atención. Había algo extraño en él. O mejor dicho, conocido. La curva de la cadera, más relleno el trasero, la mirada pícara. Era una mujer, no había dudas. Y la que creí mujer tal vez fuese un hombre, plano de todos lados. O quizás ambas pertenecían al sexo femenino y eran pareja. O madre e hija. O que se yo.
Pero como ellas o como ella y él me gustaría ser cuando sea vieja.

viernes, enero 07, 2005

Unas viejas aventuras

Todos los años en enero me da por leer viejos libros de viajes a la Tierra del Fuego.
Por suerte como están de moda cada vez hay más gente que edita esas increibles, aunque muy ideológicamente dirigidas, expediciones de aventuras, escritas en diferentes idiomas, cuyas versiones originales el museo esconde bajo siete llaves.
Ahora le tocó el turno al capitán Louis-Ferdinand Martial, que comandó la expedición francesa de La Romanche de 1882-3, a la bahía Orange (Chile) en la isla Hoste, enfrente del mismísimo cabo de Hornos, mi regalo de Reyes.
Fresquito, el libro posee una innumerable colección de fotografías de yámanas que tomaron los miembros de la expedición.
Me gustan esas jóvenes yámanas, de pelo carré, delicados collarcitos de fragmentos de huesos de aves al natural y quemados, para hacerlos de dos colores, sus cubresexos y tobilleras de cuero.
Su piel oscura luce el color del cielo los días de tormenta austral.
Algunas tienen miradas de niñas acostumbradas a calentarse en el fuego.
Otras ya conocieron hombre.
Y digan lo que digan de indígenas y colonizadores, más allá de políticas e injusticias, de abusos imperiales y credos absurdos, habrá habido atracciones fuertes entre las jóvenes de piel brillante por la grasa de lobo y esos pálidos científicos de cabellos claros.
¿Qué habrá ocurrido después de las fotos? ¿Se habrán mirado a los ojos? ¿Descifrado sus idiomas? ¿Acariciado? ¿Amado? ¿Esperado?¿Extrañado? ¿Habrá habido niños rubios compartiendo un festín de ballena varada? ¿Habrá sido triste ver a la Romanche alejarse para siempre de la bahía Orange? ¿Cómo lloraban las yámanas? ¿A quién le contaban sus secretos?
¿Cómo sería ser yámana y no tener correo electrónico?

jueves, enero 06, 2005

Mentiras piadosas

Hay una niña de rulos por acá cerca que tiene un amigo invisible.
Se llama Tato.
En ocasiones es tan diminuto que ella puede levantarlo como si fuese una manzana para ponerlo cerca de su rostro y sacarse ambos una foto.
Pero generalmente la sobrepasa en altura.
Tato siempre está presente, no se pierde ningún juego y menos aún los retos. Conocedor del mundo, Tato es grande y es chiquito, es bueno y es malo, confiable y mentiroso. Y aunque nadie lo ve, todos lo respetan como si fuese real.
Dicen que es normal que los niños inventen amigos...¿Y los grandes? ¿Por qué no?
Mi amigo invisible tendría que haber leido todos los libros del mundo, sin que se le escapase ninguno, ser valiente y divertido, soñador y poeta, fotógrafo y cocinero, caminador y sencillo. Podría parecerse a George Clooney en "Un día muy especial" o a Sting hace unos años...total...si es por imaginar...

miércoles, enero 05, 2005

Tarde de miércoles, Noche de Reyes

Hay personas de las que debemos huir y no justamente porque nos caigan mal.
Un fósforo y una mecha no tendrían que mirarse, jamás.
Tampoco una horca y un cuello.
O un pan y la manteca, un hilo y la aguja, esos pares desparejos pero complementarios que andan por el mundo acercándose y alejándose para suerte o desgracia.
Creo que soy afortunada.
No todos poseen esta clase de conocimientos.
¿Lo soy?
Mejor voy a poner los zapatos.

sábado, enero 01, 2005

Hoy limpieza

Que el desorden, es decir la acumulación de bienes, debe resolverse de una manera extremadamente penosa por la separación con los bienes.
Creo que todas las mujeres sufren por esto, por no saber tirar y separarse.
Hay familias que, cuando tienen una gran casa, lo guardan todo durante tres siglos, los niños, el señor Conde, Alcalde del pueblo, los trajes y los juguetes.
He tirado y he lamentado.
Siempre se lamenta haber tirado en algún momento de la vida.
Pero sino se tira, si uno no se separa, si se quiere guardar el tiempo, se puede pasar la vida ordenando y archivando la vida.
Las mujeres guardan a menudo las facturas de electricidad y de gas durante veinte años, sin otra razón que la de archivar el tiempo, archivar sus méritos, el tiempo que han pasado y del que no queda nada.

De La Vida Material, de Marguerite Duras

viernes, diciembre 31, 2004

Año nuevo

Cuando era una niña pensaba muchas cosas raras.
Como que iba a ser astronauta y que el año 2000 nunca llegaría.
¡Felíz 2005 para todos!!!!!


jueves, diciembre 30, 2004

Fuera de servicio

Fui al médico porque sentía la cabeza tan llena que tuve miedo de que no me entrase nada más: ni un dato, una cifra, un nombre, un recuerdo.
Los ruidos cotidianos me sonaban como ciudades enteras ardiendo. Las cosas para hacer llenaban una interminable lista.
Me ahogaba.
Stress fue la sentencia.
Me dí cuenta después que volví del campo donde pasé la Navidad y dos días muy tranquilos. Findelmundo se parece cada vez más a una gran urbe, no por el tamaño, sino porque empieza a sufrir los problemas de las grandes ciudades. La gente está alterada: fin de año, las fiestas, terminar el trabajo, las vacaciones, los balances, las despedidas, prepararse para salir de la isla, que no es lo mismo que salir de cualquier otro lugar, los conflictos, lo no resuelto, lo dicho y no hecho... Para curarme estoy tratando de tomar distancia de mí. Como si no fuera yo. Hago limpiezas generales, regalo lo que no se usa, ordeno, corto el pasto, mi cuerpo se cansa para que mi mente repose, pienso poco, observo, toco, huelo, respiro, leo libros muy bien escogidos, huyo de los pesados, las discusiones, el pasado y el futuro, camino como si pisara nubes, no me involucro en nada, dejo congelados por un tiempo los planes, busco la soledad y el silencio, duermo con la ventana abierta, tomo vasos de leche tibia.
A veces viene bien.

.

martes, diciembre 28, 2004

Japonesa

También disfruto del séptimo día, cuando la gente arranca las primeras hierbas que han germinado bajo la nieve. Me divierte su excitación al encontrarlas cerca del Palacio, un sitio donde jamás habrían esperado hallarlas

Finalmente estoy leyendo El Libro de la Almohada, de Sei Shônagon, cuya existencia conocí a través de un post de Unoquepasaba. Si bien no tengo la delicadeza, ni el tamaño, ni la brevedad de discurso de las japonesas, creo que nos parecemos en algo. Yo disfruto mucho con los cambios que se van sucediendo a lo largo de las cuatro estaciones, con los ritmos de la naturaleza, las sutiles señales que anuncian las tormentas o el invierno. No hay nada que me ponga más contenta que ver aparecer las yemas ensangrentadas de los ruibarbos en la tierra aún helada de findelmundo. O tal vez sí: descubrir las minúsculas violetas amarillas o los fragantes geranios con que la primavera celebra su aparición en el bosque fueguino.
E imitando a Sei, podría decir:

El mes de enero, (me gusta) porque la ciudad queda vacía y todos huyen de la isla como si fuese un animal salvaje; entonces me divierto caminando por la orilla del canal y quiero que el séptimo día del primer mes el agua esté completamente calma. Y que en el segundo mes haya una larga temporada de lluvias para poder ordenar mis pensamientos.

viernes, diciembre 24, 2004

Navidad

¡Felíz Navidad para todos!
Y que les quede algún deseo sin cumplir, así tienen algo por lo que vivir: deseos, sueños, esperanzas...
Besos a todos con garrapiñadas.

miércoles, diciembre 22, 2004

Cumpleaños


sorpresa

Cuando llegué al trabajo ví los globos perlados, blancos y rosas.
Eran tres enormes racimos dispuestos a distancias equidistantes sobre el cerco de rejas de una de las casas de la loma que está enfrente de mi ventana.
Nunca había visto anunciar de ese modo un cumpleaños de quince, así que me pasé gran parte de la mañana levantando la vista y perdiendo la mirada entre los globos que apenas se balanceaban.Recordé los globos llenos de helio, que para alguna festividad que ya no recuerdo, soltábamos al cielo junto a la catedral de La Plata y otros globos muy pequeños, también de la infancia lejos de aquí, que tenían ojos y una lengua que salía cuando uno los apretaba.
A eso de las doce se empezó a levantar viento del sudoeste. Los globos saltaban y se chocaban. Los manojos comenzaron a acercarse. En un momento dado, uno de los racimos voló, cruzó la calle y quedó enganchado en la antena de un auto estacionado.Enseguida apareció una mujer que desenredó los hilos, acomodó un poco los globos, pero en lugar de devolverlos a su lugar los introdujo dentro de su pequeño auto, al que subió junto con sus dos hijas.
El vehículo hizo marcha atrás, salió del estacionamiento y enfiló la trompa hacia donde yo trabajo. Salí a la calle y miré fijamente el número de la patente mientras lo repetía mentalmente para no olvidarlo. Aunque no me importaba si no lo recordaba más de cinco minutos; la única intención fue hacer sentir mal a la mujer, que pasó al lado mío con su automóvil repleto de globos e hijas con caras de sardinas, sonriendo incómoda.
De todas maneras no hubiera hecho falta mi mirada.
No hay nada más ridículo que quien acarrea globos de una fiesta a la que no fue invitado.


domingo, diciembre 19, 2004

Final de juego



Ella había probado todas las estrategias.
Ninguna le dió resultado en su afán por acercarse al alma de ese hombre.
Finalmente se convenció: buscaba lo que no existía.
Y no sólo eso, sino que en el empeño había perdido la suya para siempre.

viernes, diciembre 17, 2004

Azul, la lluvia

En temporada turística tratar de enviar una carta de las de antes desde findelmundo suele requerir su buen tiempo. A cambio uno se entretiene observando gentes de otras partes del mundo.
Esta mañana la fila llegaba hasta la entrada del edificio de correos.
Había gente de la ciudad y muchos extranjeros, entre ellos una mujer japonesa con su hijo adolescente y, delante mío, un joven rubio muy alto, que podría haber sido oriundo de cualquier remoto sitio.
Apenas entré se dió vuelta y me miró con unos ojos muy azules, cuyo color descubrí después, porque en ese momento no lo miré, sino que lo hice minutos después cuando estuve segura de que no me estaba mirando. Esta acción en cierta forma sincronizada, es decir, que él me mirara y yo no y que yo lo mirara y él no, se repitió varias veces. En medio de ellas, como habremos calculado mal el tiempo, nuestras miradas se encontraron en unas cuantas oportunidades. Yo estaba segura de que me quería preguntar algo y temía no salir airosa de tener que contestarle en inglés, aunque reconozco que un par de veces estuve tentada de hablarle.
A los diez minutos me empecé a poner nerviosa, como siempre que espero que ocurra algo que no ocurre o que no puedo escapar de lo que me perturba.
Cuando él no me miraba miraba a otras personas, hacia la derecha y hacia la izquierda giraba su cabeza para mirar, fijaba la vista en los que entraban y acompañaba con sus ojos a los que ya habían cruzado la puerta de vidrio para salir.
Mientras no me observaba yo lo observaba a él.
Si bien parecía extranjero no estaba vestido con la ropa que suelen usar los viajeros. Tenía puesto un pantalón de vestir, como si fuera de un traje, unos mocasines color suela de gamuza y una campera de modelo bastante antiguo con piel alrededor de la capucha. Su mochila era negra y muy pequeña. Parecía muy joven pero estaba perdiendo el pelo.
Antes de que lo atendieran llegué a la conclusión de que tenía avidez por mirar.
Miró todo, no dejó espacio vírgen dentro del correo, nadie se salvó de su mirada marina, una hermosa mirada que incomodaba, porque seguramente veía más de lo acostumbrado, una mirada que desnudaba el alma y hacía pensar en inviernos duros y helados.
Cuando le tocó el turno quizás le entregó unos sobres a la empleada, porque no pude ver bien. La chica le dijo son 23 pesos. El le hizo señas de que no entendía. Ella dijo twenty three. El asintió con la cabeza, sonriente y dijo algo que hubiese sonado como okey si hubiese podido pronunciarlo, porque su boca hizo movimiento de hablar pero de su garganta no salió ninguna palabra.
En ese preciso momento descubrí que los adminículos que llevaba en las orejas no formaban parte de un walkman como creía. Y me atacaron unas enormes casi gigantescas ganas de por lo menos decirle chau con la mano, pero cuando salí del correo apurada, luego de dejar mis cartas, el joven rubio se había perdido con sus ojos azules bajo la lluvia, una lluvia que ya ni mojaba, una lluvia muy gastada de tanto que la habían mirado.