Hay limpieza de patios y jardines en findelmundo.
Como no hay más nieve y esta mañana sorprendieron unos aromas a primavera, y más que los aromas, los brotes de las plantas, unos amores inexplicables, la simpatía de los vecinos, todos se pusieron a juntar las cosas que trajo el viento o dejó la pasividad del invierno.
Frente a algunas casas hay montañas de cosas viejas esperando que pasé el camión de la basura especial que muchos llaman "el voluminoso".
Todavía estoy un poco congelada, así que no participo, ni juntando hojas secas, ni chusmeando entre los deshechos en busca de pequeños tesoros.
Mientras sigo escribiendo junto a la ventana, cada tanto me asomo y me regocijo con la laboriosidad de los demás.
Me gusta mirar como trabajan, pero necesito un poco más de sol para reaccionar.
sábado, agosto 27, 2005
jueves, agosto 25, 2005
De adioses y misterios
Cuando uno ya sabe con lujo de detalles cuál será la próxima reacción de otro, es hora de decir para siempre adiós.
Lo previsible siempre tuvo el poder de matar a la emoción.
Porque un misterio ya descubierto, aparte de que no es más misterio, es tan aburrido como una tarde de domingo en el hospital.
Como ahogarse en un vaso de agua.
O escuchar a Jude Law por la radio.
Como espiar por la cerradura con los ojos tapados.
O ver bailar sin escuchar la música.
Lo previsible siempre tuvo el poder de matar a la emoción.
Porque un misterio ya descubierto, aparte de que no es más misterio, es tan aburrido como una tarde de domingo en el hospital.
Como ahogarse en un vaso de agua.
O escuchar a Jude Law por la radio.
Como espiar por la cerradura con los ojos tapados.
O ver bailar sin escuchar la música.
miércoles, agosto 24, 2005
Temprano
A las siete y media llevo a mi hija a la escuela. Cuando vuelvo mi café aún está caliente, las sábanas tibias, sigue siendo de noche, mi habitación llena de libros subrayados y a medio leer me llama, pero no, no puedo, no debo, en otro momento, aunque sí, me quedaría. Gana la obligación. Me voy a gimnasia. Vuelvo contenta, sin sueño, llena de energía, planeando hacer a pie un montón de trámites. No hay nada más gratificante que ser mejor que uno mismo. |
martes, agosto 23, 2005
Cincuenta y cuatro grados
Latitud es un concepto antiguo que indefectiblemente nos lleva a la época de los grandes navegantes, a extraños aparatos para medir ángulos en el mar, a mapas humedecidos por las lágrimas de quimeras maltrechas.
Pero los habitantes contemporáneos de findelmundo aún sufrimos la latitud.
Es muy triste tener que levantarse cuando es de noche y empezar a movilizarse fingiendo que es de día.
Pero peor es tener que acostarse cuando todavía no ha anochecido.
Pero los habitantes contemporáneos de findelmundo aún sufrimos la latitud.
Es muy triste tener que levantarse cuando es de noche y empezar a movilizarse fingiendo que es de día.
Pero peor es tener que acostarse cuando todavía no ha anochecido.
domingo, agosto 21, 2005
Sol de domingo
Hoy de caminata otra vez alrededor de la bahía, casi como en primavera, con un cielo muy celeste, el agua quieta, toda la gente en la calle, los pájaros curiosos.
Ay....pero era sólo un espejismo.
No hay nada más doloroso que una oreja (mediana) congelada.
Ay....pero era sólo un espejismo.
No hay nada más doloroso que una oreja (mediana) congelada.
sábado, agosto 20, 2005
Oveja

No tiene ojos insinuantes, tampoco sonrisa misteriosa, no es como el retrato de la señora de Francisco del Giocondo, encima, pobre, con esas orejas cortadas y esas pestañas tan sin gracia.
Sin embargo, no puedo dejar de mirar a esta oveja.
La miro y la miro y no me puedo despegar.
Está como expectante, a la espera paciente pero contenida, me huele, está alerta, no me deja.
No le confío para nada, pero la dejo.
Sé dónde y cuándo está. La huelo y la dejo hacer.
Me gusta ser su víctima.
Saciar su necesidad.
Porque en el fondo la necesito.
Y me calma como nada en el mundo.
Todo lo demás es pura retórica.
miércoles, agosto 17, 2005
Pequeñas alegrías
Una y cuarto de la mañana y se largó nomás la gran nevada.
Miro los copos jugarle a mi ventana y mientras miro, en realidad me mareo porque no sé bien a cuál mirar, como galletitas de avena recién hechas.
Todos duermen en el barrio. Tengo dos libros nuevos sobre la Patagonia.
Es casi como la felicidad.
Miro los copos jugarle a mi ventana y mientras miro, en realidad me mareo porque no sé bien a cuál mirar, como galletitas de avena recién hechas.
Todos duermen en el barrio. Tengo dos libros nuevos sobre la Patagonia.
Es casi como la felicidad.
Mi nevada interior
Anuncian para mañana jueves la nevada más grande del año.
Suena grosso, pero los que vivimos en findelmundo sabemos que no nevó mucho esta temporada, así que la temida nevada no será gran cosa.
Como riéndose de mi incredulidad, hoy, miércoles ya empieza a nevar y a granizar.
Igual no creó, no creo y no creo que este anuncio deposite más nieve en mi corazón.
Hace tiempo que está helado.
Suena grosso, pero los que vivimos en findelmundo sabemos que no nevó mucho esta temporada, así que la temida nevada no será gran cosa.
Como riéndose de mi incredulidad, hoy, miércoles ya empieza a nevar y a granizar.
Igual no creó, no creo y no creo que este anuncio deposite más nieve en mi corazón.
Hace tiempo que está helado.
lunes, agosto 15, 2005
Don Hernando de Magallanes
Es posible que un día, descubra que yo ya existí, y que lo que quiero decir ya fue dicho.
Esto es del blog de don Hernando, un navegante moderno, a veces un poco desvariado, otras bastante cuerdo, igual que su homónimo de allá lejos en el tiempo.
A quienes anden atrás de locuras pacíficas, como buscar datos muy viejos para llenar historias kilométricas, les recomiendo una visita.
Los demás, mejor abstenerse.
Esto es del blog de don Hernando, un navegante moderno, a veces un poco desvariado, otras bastante cuerdo, igual que su homónimo de allá lejos en el tiempo.
A quienes anden atrás de locuras pacíficas, como buscar datos muy viejos para llenar historias kilométricas, les recomiendo una visita.
Los demás, mejor abstenerse.
domingo, agosto 14, 2005
Mi blog, de cumpleaños

El cumpleaños fue el 9 de agosto, pero como me olvidé, hoy lo quiero festejar a lo grande, es decir, dando la cara.Esta soy yo, entonces, Alicia A Través del Espejo, pensando seguramente, pues creo que es lo que más hago.
Gracias a todos por haberme acompañado durante todo este tiempo en mis tristezas, soledades, alegrías y pequeñas locuras.
Y a los que no me dieron ni la hora, la verdad es que tenían razón.
sábado, agosto 13, 2005
Plagio
Nada nos pasa sin nuestra complicidad; a los demás tampoco les ocurre nada sin su alevosía y, en definitiva, si algo nos sucede con los otros o a ellos algo les ocurre con nosotros, es porque en algún momento hubo un acuerdo tácito, una complacencia mutua, una necesidad compartida, lo cual puede advertirse un mínimo instante antes, mucho antes de las primeras palabras y los primeros conocimientos.
Esto que parece escrito por Javier Marías, lo escribí yo un día, después de estar dos meses dándome una panzada de sus libros.
Y después ya no pude leer ninguna palabra más suya.
Esto que parece escrito por Javier Marías, lo escribí yo un día, después de estar dos meses dándome una panzada de sus libros.
Y después ya no pude leer ninguna palabra más suya.
Confesiones de un sábado por la tarde
Ahora que me las tengo que arreglar sola en todas las cuestiones (sí, ya sé, es lo que quería) estoy empezando a pensar que el mundo no es lo que creía.
Lo terrible es que algo me hizo click en el cerebro en estos últimos tiempos y he descubierto algo que yo sé que saben todos los que envejecieron.
Pero como no quiero envejecer generalmente juego a que no sé nada de nada, a que tengo proyectos apasionados que me llevarán a correr las más inversímiles aventuras, a que me amo por sobre todas las cosas, a que todo está bien, a que la felicidad es eterna, a que todos se divierten de las pavadas graciosas que digo y a que si alguna persona no lee este blog es porque aunque sabía la dirección tuvo un ataque de amnesia y no la recuerda, pero que si no fuera así alguna vez lo hubiera leido y me hubiese mandado un mensaje que podría sonar algo así como "no es posible, pero tampoco imposible".
Y a veces-esto es muy feo, extremadamente feo-me asusta que otra gente quiera acercarse a mí. Entonces me encierro bajo siete llaves, me vuelvo solitaria, casi autista, hago referencias a que mi corazón está ocupado, cuando en realidad sólo se trata de un espejismo usado siempre contra males mayores, no, en realidad, menores, mucho, mucho menores.
Lo terrible es que algo me hizo click en el cerebro en estos últimos tiempos y he descubierto algo que yo sé que saben todos los que envejecieron.
Pero como no quiero envejecer generalmente juego a que no sé nada de nada, a que tengo proyectos apasionados que me llevarán a correr las más inversímiles aventuras, a que me amo por sobre todas las cosas, a que todo está bien, a que la felicidad es eterna, a que todos se divierten de las pavadas graciosas que digo y a que si alguna persona no lee este blog es porque aunque sabía la dirección tuvo un ataque de amnesia y no la recuerda, pero que si no fuera así alguna vez lo hubiera leido y me hubiese mandado un mensaje que podría sonar algo así como "no es posible, pero tampoco imposible".
Y a veces-esto es muy feo, extremadamente feo-me asusta que otra gente quiera acercarse a mí. Entonces me encierro bajo siete llaves, me vuelvo solitaria, casi autista, hago referencias a que mi corazón está ocupado, cuando en realidad sólo se trata de un espejismo usado siempre contra males mayores, no, en realidad, menores, mucho, mucho menores.
domingo, agosto 07, 2005
Sola
Dulce de leche a cucharadas.
Hacía meses que no lo comía.
No sé qué me ocurre.
Tendré que ir a la psicóloga ( o al super).
Hacía meses que no lo comía.
No sé qué me ocurre.
Tendré que ir a la psicóloga ( o al super).
jueves, agosto 04, 2005
Pensamiento
| Alguna gente busca afuera lo que tiene que resolver en su interior; otra quiere encontrar en su interior lo que sólo está afuera. La inteligencia en la vida consiste en saber dónde cuernos tiene que buscar uno. Y hacerlo de una vez Pensado por Alicia una increible mañana de sol en findelmundo. |
martes, agosto 02, 2005
Remota
| Mi prima anuncia que tal vez viaje a la China. A mi me causa gracia porque irse a la China suena como salirse del mundo. Lo más terrible es que tratándose de ella, yo sé que lo hará, porque no es la primera vez, creo. Me la imagino como una viajera antigua, disfrazada de hombre para sortear aduanas, con una navaja escondida entre la ropa, tratando de llegar a un hotel de nombre indescifrable. Creo que la visión romántica que tengo de la China se me confunde con la de la Patagonia.Y la de mi prima es obvio que se mezcla con la mía. |
sábado, julio 30, 2005
Sin maletas
Esta tarde de nevada tímida me gustaría viajar por el mundo, quiero decir por algunos lugares del mundo.
Pero en persona, porque este vuelo rasante con el Google Earth terminó por cansarme.
Y hasta estoy un poco mareada.
Las alturas nunca me cayeron bien.
Pero en persona, porque este vuelo rasante con el Google Earth terminó por cansarme.
Y hasta estoy un poco mareada.
Las alturas nunca me cayeron bien.
jueves, julio 28, 2005
Madurez
A veces escribo y nadie contesta. A veces no hablo y recibo flores.
Pero ya aprendí a no esperar nada de nadie.
Ser mi dueña y mi esclava.
Y todo lo demás será un regalo.
Pero ya aprendí a no esperar nada de nadie.
Ser mi dueña y mi esclava.
Y todo lo demás será un regalo.
miércoles, julio 27, 2005
Falsa Calma
Hoy tuvimos una de esas tardes, tan rosa y helada, que parecía un buen sueño.
Los veleros en la bahía, las calles desparejas, las narices en el centro: todo se veía escarchado y mágico.
Pero es Falsa Calma, como el libro de María Sonia Cristoff sobre la Patagonia que estoy leyendo.
Debajo del brillo del hielo, hay algo que se agita.
La vida.
Los veleros en la bahía, las calles desparejas, las narices en el centro: todo se veía escarchado y mágico.
Pero es Falsa Calma, como el libro de María Sonia Cristoff sobre la Patagonia que estoy leyendo.
Debajo del brillo del hielo, hay algo que se agita.
La vida.
domingo, julio 24, 2005
Feo
Hoy en el supermercado vimos al hombre más lindo del mundo.
Pelo oscuro corto y parado, profundos ojos oscuros, naríz respingada, boca de comisuras al cielo, demasiados dientes.
Las cajeras estaban revolucionadas diciendo que no, que no es de acá, si por aquí no hay hombres así, seguro que es de Israel, no, no parece de Estados Unidos, tiene la piel demasiado oscura. Bueno, todas no, porque la chica que tuvo el gusto de atenderlo estaba paralizada y hacía gestos de robot. No pudo ni mirarlo, porque ya lo había visto antes, como todas las mujeres que de casualidad estábamos allí al mediodía. No sólo las mujeres, porque los hombres también lo miraban y hasta los chicos.
Igual no estaba tan seguro de su belleza, porque a cada instante nos iba mirando a una por una para comprobar si lo mirábamos.
Porque al final ser lindo no es sólo un don del cielo, ocasiona un trabajo y un esfuerzo y un estar atento, cosas todas que el feo se ahorra.
Pelo oscuro corto y parado, profundos ojos oscuros, naríz respingada, boca de comisuras al cielo, demasiados dientes.
Las cajeras estaban revolucionadas diciendo que no, que no es de acá, si por aquí no hay hombres así, seguro que es de Israel, no, no parece de Estados Unidos, tiene la piel demasiado oscura. Bueno, todas no, porque la chica que tuvo el gusto de atenderlo estaba paralizada y hacía gestos de robot. No pudo ni mirarlo, porque ya lo había visto antes, como todas las mujeres que de casualidad estábamos allí al mediodía. No sólo las mujeres, porque los hombres también lo miraban y hasta los chicos.
Igual no estaba tan seguro de su belleza, porque a cada instante nos iba mirando a una por una para comprobar si lo mirábamos.
Porque al final ser lindo no es sólo un don del cielo, ocasiona un trabajo y un esfuerzo y un estar atento, cosas todas que el feo se ahorra.
sábado, julio 23, 2005
Que la vida son dos días y uno llueve
| Ayer no sé lo que me pasó. Desafié a todos, pero principalmente a mí misma, rompí todas las dietas que estaba haciendo, en las que invertí muchos sacrificios y control. La de comidas, por ejemplo, que comencé hace tres meses y se llevó 5 kilos, la rompí sin asco y comí sin compasión. Otras dietas mucho peores aún y en las que llevaba invertidos más tiempo y muchas necesidades reprimidas, también se rompió en diez minutos, así de fácil y de simple. Hoy me siento rara, por un lado llena y por el otro vacía, como si me hubiese sacado un peso de encima. Ahora, vuelta a empezar. Y eso no es nada, lo peor es que recién vamos por el primer día. Sin embargo, un tiempo atrás todo esto me hubiese preocupado. Pero ahora sólo me da por sonreir y preguntarme ¿y qué? Total nada de ello va a figurar en mi epitafio. Y dentro de treinta años ni siquiera será historia. Y ni que decir cuando ya no haya ni un hombre sobre la tierra que recuierde nada. Esto me gusta de ser mujer, que al final una termina siempre dándose la razón y hasta felicitándose por ello. |
lunes, julio 18, 2005
Ego
A veces la lluvia trae cosas mágicas.
Aunque pensándolo bien no ha sido la lluvia, todo fue gracias a mí que en un ataque de energía salí a buscarlas.
La lluvia es sólo una excusa.
O simplemente el escenario.
Aunque pensándolo bien no ha sido la lluvia, todo fue gracias a mí que en un ataque de energía salí a buscarlas.
La lluvia es sólo una excusa.
O simplemente el escenario.
sábado, julio 16, 2005
Sábado al mediodía
A veces me gustaría pasar con el auto arriba de un recuerdo, estudiar cómo es eso de las vendettas, que ni siquiera sé si se escribe así, pese a mi buena cuota de sangre italiana. Desearía pertenecer a la mafia, planear un asesinato, tender una emboscada, escribir un libro lleno de pormenores. Sin embargo, cuando me cruzo con una sombra le dibujo una sonrisa que hace crecer la mía. Y pienso que después de todo la vida es tan corta que de vez en cuando uno merece engañarse. |
domingo, julio 10, 2005
10 de Julio
Soy una dama que padece
El Mal de la Vacilación
Ante la duda
Emigro y me retiro
A mi universo
Personal
Soy un Chingolo de Pecho Colorado
Un Gorrioncito de Cresta Gris
Un animal emplumado
que arde
En Deseos
Adoraría
Ser un Ente productivo
Formar parte de lo Real
Integrar una Cifra Estadística
Cabos sueltos no ayudan
Si no fuera porque
Estoy involucrada
Con el Arte
Mi vida entera
Sería
Un desastre.
Este poema que tan bien me representa, como la mayoría de los suyos, pertenece a Graciela Cros, escritora que vive en Bariloche. Es de Aves, Libro de Boock. Prohibido perdérselo.
El Mal de la Vacilación
Ante la duda
Emigro y me retiro
A mi universo
Personal
Soy un Chingolo de Pecho Colorado
Un Gorrioncito de Cresta Gris
Un animal emplumado
que arde
En Deseos
Adoraría
Ser un Ente productivo
Formar parte de lo Real
Integrar una Cifra Estadística
Cabos sueltos no ayudan
Si no fuera porque
Estoy involucrada
Con el Arte
Mi vida entera
Sería
Un desastre.
Este poema que tan bien me representa, como la mayoría de los suyos, pertenece a Graciela Cros, escritora que vive en Bariloche. Es de Aves, Libro de Boock. Prohibido perdérselo.
lunes, julio 04, 2005
Un día común
Un viento helado que cruza la isla.
Noticias inesperadas.
Un cometa roto en miles de pedazos.
Horas escribiendo.
Muchas visitas alegres y ruidosas.
Cita con el dentista.
Un té de frutas muy caliente
Paseo por el supermercado.
Un lunes más.
Noticias inesperadas.
Un cometa roto en miles de pedazos.
Horas escribiendo.
Muchas visitas alegres y ruidosas.
Cita con el dentista.
Un té de frutas muy caliente
Paseo por el supermercado.
Un lunes más.
domingo, julio 03, 2005
En casa
A veces me asaltan unos deseos poco confesables de escaparme de este blog.
Y no sólo eso, sino que pienso en abrir otro donde yo sea la reina de un país lejano, del universo o tan sólo de las nieves.
Por suerte cada tanto alguien me tira un cable a tierra y me recuerda que esta es, definitivamente, mi casa.
Y no sólo eso, sino que pienso en abrir otro donde yo sea la reina de un país lejano, del universo o tan sólo de las nieves.
Por suerte cada tanto alguien me tira un cable a tierra y me recuerda que esta es, definitivamente, mi casa.
viernes, junio 17, 2005
Aquellos viejos espolines....
| (agradezco a Alejandro Heiss, don Ale del Sur, habérmelos recordado) Cuando llegamos a Ushuaia, hace ya muchos muchos años, tantos que hasta ya recuerdo haber nacido aquí, un vecino caritativo nos dijo "ese es el canal Beagle, allá está el centro y estos son los espolines, obligatorios en invierno", entregándonos a cada uno un par de herramientas de hierro para el calzado, extrañas a nuestras ojos, con dos pinches que se adherían al piso, aunque no sólo se pegaban al hielo, sino a todo lo que estuviera abajo, es decir, a otros pies, al pavimento, a las alfombras y las cerámicas, principalmente a los primeros. Se ataban con unas correas de goma negras mal cortadas, que alcanzaban para dar dos y tres vueltas a los zapatos. Si uno tenía la suerte de que en el trayecto desde la casa al exterior, ellas no se aflojaran, lo que hubiera sido una suerte, ya que nos hubiesen librado de esos artefactos, seguramente inspirados en algún elemento de tortura, y llegaba a la calle o peor aún se animaba a descolgarse en una bajada, podía ocurrir cualquier cosa. Por otra parte, cuando uno bajaba al centro, pensaba que había aterrizado en otra galaxia, con tanto robots dando pasitos inseguros. Decididamente los espolines eran más peligrosos que caer desde San Martín hasta Maipú por la calle del Hotel Albatros, volteando abuelas y colegiales, más, mucho más que desaparecer de improviso debajo de un auto, que es la típica caída del invierno fueguino.Hace mucho que no veo espolines, quizás desde que aparecieron la urea o la sal gruesa o las veredas con calefacción, las que los de aquí aún pisamos con desconfianza.Y ahora que lo pienso alguien los habrá tomado prestados de la mochila de algún alpinista. ¡Queridos espolines! Como a todo lo que se fue, se los recuerda con nostalgia y hay momentos en que uno daría cualquier cosa por ponérselos de nuevo y agujerear todo el piso de madera recién plastificado, con ese ruido metálico de pájaro carpintero y las gomas apunto de estrangulanos. La foto se las debo, creo que mi madre los llevó al museo |
lunes, junio 13, 2005
Nevada
Ahora sí, ahora.
Ya la nieve está instalada definitivamente en nuestra ciudad.
Los grandes podrán volver a ser niños, los niños se volverán mayores, los perros tendrán frío, las mujeres solas andarán con los pies congelados, los vecinos saldrán a retirar la nieve de las veredas con sus amplias palas rojas, compradas todas en el mismo comercio, vendrá la máquina por las noches a interrumpir el sueño y a dejar la calle como un vidrio.
A la hora en que todo tendría que estar muy oscuro habrá una luz distinta, muy parecida a la luz que se enciende en los sueños, por mi ventana pasarán transeuntes blanquecinos y automóviles fantasmas. Nacerán muñecos de nieve cada tanto y cada tanto morirán, como mueren los recuerdos.
La ciudad se verá hermosa como en uno de esos cuentos que ya no existen.
Y como todos los años, recordaré tu mágica sonrisa, porque tenía el poder de engañarnos a todos, como lo hace la nieve.
Ya la nieve está instalada definitivamente en nuestra ciudad.
Los grandes podrán volver a ser niños, los niños se volverán mayores, los perros tendrán frío, las mujeres solas andarán con los pies congelados, los vecinos saldrán a retirar la nieve de las veredas con sus amplias palas rojas, compradas todas en el mismo comercio, vendrá la máquina por las noches a interrumpir el sueño y a dejar la calle como un vidrio.
A la hora en que todo tendría que estar muy oscuro habrá una luz distinta, muy parecida a la luz que se enciende en los sueños, por mi ventana pasarán transeuntes blanquecinos y automóviles fantasmas. Nacerán muñecos de nieve cada tanto y cada tanto morirán, como mueren los recuerdos.
La ciudad se verá hermosa como en uno de esos cuentos que ya no existen.
Y como todos los años, recordaré tu mágica sonrisa, porque tenía el poder de engañarnos a todos, como lo hace la nieve.
domingo, junio 05, 2005
Incontrolable
| Este cuerpo mío no se conforma con escribir sus sentimientos. Ahora se le dió por las alergías para defenderse de los estímulos que no le agradan. El problema es que con el cuerpo así de loco las cosas se confunden, porque sí me gustan los perfumes y los canastos de junco, sí me gusta cocinar con cebolla y encender sahumerios y oler el olor a nafta y mirar películas con Jude Law hasta el cansancio. Todo eso, aparte de lo otro, me produce alergías. Como los perros, en especial los negros como el mío, los días lunes y el atún. Como las tortas galesas, y eso que las amé tanto, los números y el jugo Tang. Tendré que pasar el invierno un poco recluída. Hasta que mi cuerpo se ponga algo más comprensivo y acepte finalmente que él y mi cabeza están viviendo una gran revolución. |
jueves, mayo 26, 2005
Sin ropa
Ultimamente me asalta la molesta sensación de que voy desnuda por la calle.
Cuando me pasa eso me miro las piernas y respiro tranquila porque sí, me puse los pantalones.
Pero esto ya me ha ocurrido en muchas etapas de mi vida.
¿Y qué será?
Mejor no investigo.
Cuando me pasa eso me miro las piernas y respiro tranquila porque sí, me puse los pantalones.
Pero esto ya me ha ocurrido en muchas etapas de mi vida.
¿Y qué será?
Mejor no investigo.
miércoles, mayo 25, 2005
25 de Mayo
Desde que tengo uso de razón (¿tengo?) los 25 de Mayo me siento un poco rara.
No es por el feriado, ni mucho menos aún por la fecha patria más importante del país, porque no soy muy nacionalista que digamos, muy por el contrario siento que mi verdadera patria está formada por las patrias de todos los libros junto a los que crecí, es decir, que me siento universal.
Los 25 de Mayo estoy un poco silenciosa, acurrrucada dentro mío, porque los 24 de mayo cumplo años, religiosamente 1 cada 365 días.
Cumplir años es algo que hay que festejar, de eso no hay duda, pero también es momento de balances. Es como empezar otro año calendario, pero en privado. Nada de unirse a los buenos deseos e intenciones del resto del mundo, uno está sólo y tiene que soportar sólo las cachetadas y las felicitaciones.
No es por el feriado, ni mucho menos aún por la fecha patria más importante del país, porque no soy muy nacionalista que digamos, muy por el contrario siento que mi verdadera patria está formada por las patrias de todos los libros junto a los que crecí, es decir, que me siento universal.
Los 25 de Mayo estoy un poco silenciosa, acurrrucada dentro mío, porque los 24 de mayo cumplo años, religiosamente 1 cada 365 días.
Cumplir años es algo que hay que festejar, de eso no hay duda, pero también es momento de balances. Es como empezar otro año calendario, pero en privado. Nada de unirse a los buenos deseos e intenciones del resto del mundo, uno está sólo y tiene que soportar sólo las cachetadas y las felicitaciones.
martes, mayo 10, 2005
Historias Mínimas II
En el contenedor de basura de los departamentos en que veraneamos en Las Grutas, en el fondo, bien en el fondo, había una serpiente.La encontraron los muchachos que recogían la basura una mañana y asustados la revolearon al descampado, con tanta mala suerte que justo pasaba por ahí la hija de mis amigos. Ella tomó el bicho de la cola con una mano y con la otra le tapó la boca, como si sólo fuera de juguete, y empezó a caminar de una punta a la otra de la cuadra para exhibirla. La vívora era de color crema con unas listas blancas, por supuesto que espantosa. Atrás de ella se paseaban muy orondos también los muchachos, para demostrar que habían tenido por lo menos la valentía de encontrarla. |
domingo, mayo 08, 2005
Historias Mínimas I
Esto es lo prometido hace tiempo, instantes del viaje por la Patagonia que hice este verano con mis hijas y unos amigos que viajaban en otro auto. Gaiman, pequeña localidad fundada por los galeses en el valle del río Chubut, donde abundan las flores y las casas de ladrillo, es un lugar que me ha atrapado desde el primer momento. Por eso fue incluida como lugar de pernocte. Dormimos en un viejo hotel remozado, donde hace un siglo guardaban las lanas que el ferrocarril llevaría hacia el norte. Siempre me las he ingeniado para pasar aunque sea un ratito por Gaiman, sentarme en la plaza perfumada por las rosas, mirar la iglesia tan blanca, cruzar el río por el viejo puente colgante; aunque fue imposible tomar el té al estilo de los galeses, que en realidad es un producto turístico inventado por aquí, porque cuando tuvimos ganas ya todas las casas de té cerraban. Al día siguiente, luego del desayuno en una larga mesa de mantel blanco con puntillas fuimos a visitar una chacra (de la que habrá otro post) y continuamos viaje rumbo a Río Negro. Ya instaladas en la playa, todos los días descubría la falta de alguna de mis ropas: una camisa, la campera, etc. Como no las necesitaba no le dí mayor importancia al asunto, pero cuando preparábamos el equipaje para el regreso y había que dejar a mano la ropa para el frío, sí me preocupé. Con ayuda de las fotos y lo que quedaba de mi memoria calcinada durante las siestas bajo el sol, reconstruí mis últimos encuentros con las prendas desaparecidas. No había dudas, las había dejado en Gaiman. ¿Pero cómo? Si siempre me fijaba bien que no quedase nada en los hoteles... Hablé por teléfono con la encargada del alojamiento y dijo que sí, que tenía una bolsa con todo lo que yo había dejado en la habitación.Me sentí rara, como se sentirán los locos cuando les dan la evidencia de algo que hicieron y que no registran para nada como propio. Unos días después, mientras mis amigos me esperaban en Trelew, manejé los veinte kilómetros hasta Gaiman. Entré al comedor del hotel, donde unos turistas almorzaban y salí al rato con una bolsa con mi querida, queridísima ropa. El momento fue perpetuado en un par de fotos por mis hijas, pobres, que tienen que padecer el estigma de una madre soñadora. Mientras me daba una última vueltita por las apacibles calles de Gaiman, donde el tiempo no transcurre igual que en otros sitios, prestando atención a las viejas casas de piedra adormiladas, a la gente silenciosa, a los secretos que los muros no alcanzaban a guardar, me prometí que nunca dejaría de ser así de distraida. |
sábado, mayo 07, 2005
Divorcio
| Estoy leyendo Recordatorios de Marguerite Yourcenar. Una de las tantas frases que subrayé, con un lápiz porque el libro es prestado, dice así El hecho es que, incluso para los más refinados, los menos golosos o los menos tragones, vivir juntos es en parte comer juntos. Monsieur y Madame de C. no hacían buena pareja en la mesa. |
jueves, mayo 05, 2005
Lluvia estrellada
Alguien anunció para la noche una lluvia de estrellas.
Pensé poner el despertador a la hora más o menos indicada así me levantaba y me tomaba un café bien caliente y me ponía abajo del cielo para sentirme una iluminada.
Al final no lo hice porque pensé que me iba a despertar igual, como todas las noches. Pero seguí durmiendo.
No sé si cayeron estrellas. Aunque creo que sí, que cayeron.
Hacía tiempo que no me levantaba tan, pero tan descansada.
Pensé poner el despertador a la hora más o menos indicada así me levantaba y me tomaba un café bien caliente y me ponía abajo del cielo para sentirme una iluminada.
Al final no lo hice porque pensé que me iba a despertar igual, como todas las noches. Pero seguí durmiendo.
No sé si cayeron estrellas. Aunque creo que sí, que cayeron.
Hacía tiempo que no me levantaba tan, pero tan descansada.
martes, mayo 03, 2005
Siguen los malos días
| El otoño en findelmundo es muy tranquilo. Nadie hace planes para más adelante. Menos aún recueda lo que pasó. Todos andan como escarchados, como de visita en la vida que les pasa. Cómo quisiera yo estar como el otoño. Calma y fría. Congelada. |
lunes, mayo 02, 2005
Psicología barata
| Todo neurótico tiene su psicópata y a todo psicópata le va bien cualquier neurótico |
domingo, mayo 01, 2005
Atrasada
| Domingo de sol después de una larga noche de lluvias. Cuando estoy triste sólo dos cosas me consuelan: caminar y meterme entre mis libros. He desarmado todas las bibliotecas para ordenar los libros sobre la Patagonia en una sola.Tardo mil horas porque cada libro que toco viene con un recuerdo adentro como si fuese un señalador. Los libros que me han sido devueltos con olor a perfume ya no huelen más, de otros caen papelitos que me dan risa, unos títulos todavía me estrujan el corazón y hay frases subrayadas con las que me sigo identificando pero dedicatorias que ya no hablan de mí. Creo, definitivamente, que estoy creciendo....un poco tarde. Será por eso que duele tanto. |
viernes, abril 29, 2005
Que si, que no
| Los recuerdos son como los objetos: sobreviven a las personas, a su paso por algún lugar. Pero también, como lo objetos, con el tiempo los recuerdos van perdiendo relación con las personas. De pronto no sabemos por qué motivo recordamos algo que sucedió o no podemos dejar de preguntarnos qué hace un objeto en nuestra casa que ya no nos habla de nadie, ni siquiera de nosotros mismos. Será hora de hacer limpiezas....o de dormirse una siesta. |
martes, abril 19, 2005
Imagen II
Al día siguiente el sol haciendo agujeros en los techos blancos.
Pero ya es tarde, ya no hay remedio, la ciudad ha dejado de ser virgen por una temporada más.
Pero ya es tarde, ya no hay remedio, la ciudad ha dejado de ser virgen por una temporada más.
lunes, abril 18, 2005
domingo, abril 17, 2005
Telebingo
Un periodista dijo en la radio que la gente de findelmundo sólo ambiciona ganarse el telebingo.
Horror de los horrores....porque últimamente los domingos me compro un cartón...total son cinco pesos...pero lo hago para no tener que trabajar y tener más tiempo para escribir una novela.
¿O una cosa no suaviza la otra?
¿Tendré que hundirme en los infiernos de todos modos?
Hace calor...
Horror de los horrores....porque últimamente los domingos me compro un cartón...total son cinco pesos...pero lo hago para no tener que trabajar y tener más tiempo para escribir una novela.
¿O una cosa no suaviza la otra?
¿Tendré que hundirme en los infiernos de todos modos?
Hace calor...
domingo, marzo 20, 2005
Personaje
Como no podía sentir ninguna emoción, el hombre se inmiscuía entre las personas y lograba hacerles despertar los más diversos sentimientos.
De ellos se alimentaba entonces, como un vampiro de la sangre ajena. Vivía todo de segunda mano. Pero con una persistencia y una fuerza que confundía.
Se metía entre dos y los hacía enamorar; había decidido que otros se pelearan, así tenía por lo menos una vaga idea de lo que eran el amor y el resentimiento.
Pero no podía involucrarse.
Era como una hoja en blanco que nadie puede escribir o como un ángel triste que fue apartado del cielo.
De ellos se alimentaba entonces, como un vampiro de la sangre ajena. Vivía todo de segunda mano. Pero con una persistencia y una fuerza que confundía.
Se metía entre dos y los hacía enamorar; había decidido que otros se pelearan, así tenía por lo menos una vaga idea de lo que eran el amor y el resentimiento.
Pero no podía involucrarse.
Era como una hoja en blanco que nadie puede escribir o como un ángel triste que fue apartado del cielo.
sábado, marzo 19, 2005
Leído por ahí
Dijo Agatha Christie:
Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará.
(Se reciben propuestas, y esto obvio que es de mi autoría).
Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará.
(Se reciben propuestas, y esto obvio que es de mi autoría).
jueves, febrero 17, 2005
Estoy aquí
He regresado con ganas de no volver.
Y como siempre que uno regresa, en findelmundoo se ve todo muy apretujado entre las montañas y el mar, terroso, algo desprolijo, quizás hasta "cateto" como alguien alguna vez osó decir ante mi horror.
Fueron exactamente 5000 km, de los cuales volví muy torpe para conducir dentro de las ciudades, odiando los camiones de largos acoplados y el pavimento. Descubrí que amo el ripio, donde me siento como en casa, porque podía adelantarme a autos y camiones con pericia y avanzaba con rapidez, alerta, sin sueño. En el asfalto, que uso como sinónimo de pavimento, pese a que me advirtieron que no se trata de la misma cosa, me aburrí como un hongo (¿cómo se aburren los hongos?), salvo por algunos cielos y ciertos ocasionales compañeros de ruta como guanacos y avestruces que en realidad son ñandúes.
Visité playas despobladas, de esas por las que nadie se desvive, pueblos fértiles enclavados en medio de la estepa, playas con mucha gente, ciudades petroleras, puertos fruteros, me quedé con ganas de la ruta 40, me divertí, me cansé, me reí, comí, tuve pesadillas, tomé mucho sol, también caminé bastante, en algunos tramos nocturnos con mucha lluvia me puse un poco nerviosa.
Lo que más me gustó: sentarme al volante cada mañana y salir con un destino definido, pero sabiendo a la perfeccción que lo interesante del viaje serían los imprevistos, eso que hace que cada travesía sea diferente a la anterior.
Ahora me siento como un león enjaulado.
Y como siempre que uno regresa, en findelmundoo se ve todo muy apretujado entre las montañas y el mar, terroso, algo desprolijo, quizás hasta "cateto" como alguien alguna vez osó decir ante mi horror.
Fueron exactamente 5000 km, de los cuales volví muy torpe para conducir dentro de las ciudades, odiando los camiones de largos acoplados y el pavimento. Descubrí que amo el ripio, donde me siento como en casa, porque podía adelantarme a autos y camiones con pericia y avanzaba con rapidez, alerta, sin sueño. En el asfalto, que uso como sinónimo de pavimento, pese a que me advirtieron que no se trata de la misma cosa, me aburrí como un hongo (¿cómo se aburren los hongos?), salvo por algunos cielos y ciertos ocasionales compañeros de ruta como guanacos y avestruces que en realidad son ñandúes.
Visité playas despobladas, de esas por las que nadie se desvive, pueblos fértiles enclavados en medio de la estepa, playas con mucha gente, ciudades petroleras, puertos fruteros, me quedé con ganas de la ruta 40, me divertí, me cansé, me reí, comí, tuve pesadillas, tomé mucho sol, también caminé bastante, en algunos tramos nocturnos con mucha lluvia me puse un poco nerviosa.
Lo que más me gustó: sentarme al volante cada mañana y salir con un destino definido, pero sabiendo a la perfeccción que lo interesante del viaje serían los imprevistos, eso que hace que cada travesía sea diferente a la anterior.
Ahora me siento como un león enjaulado.
miércoles, enero 26, 2005
Hasta la vuelta
Como despedida, aquí van unos haikus, ya que en algún blog, hablaron de ellos. Pertenecen a mi hermana.
Angeles locos
en paños menores
se prueban las alas.
Leo las páginas
de la ballena blanca
infancia perdida.
Glorias pasadas
la cantante de ópera
añora en privado.
Música clara
se escucha a lo lejos
la trae el viento.
Angeles locos
en paños menores
se prueban las alas.
Leo las páginas
de la ballena blanca
infancia perdida.
Glorias pasadas
la cantante de ópera
añora en privado.
Música clara
se escucha a lo lejos
la trae el viento.
domingo, enero 23, 2005
El secreto
No sé con qué sueña la gente cuando se va de vacaciones.
Yo, por ejemplo, sueño con quedarme a vivir, después de ir a la playa, eso sí, en San Julián, un pequeño pueblito costero de la provincia de Santa Cruz, donde los vecinos se conocen todos, como ocurría años atrás en findelmundo y turistas esporádicos visitan su hermosa ría.
Conseguirme un trabajo frente al mar.
Enamorarme tal vez de un hombre de campo.
Quiero decir de un dueño de estancia, ya que no me daría maña para esquilar una oveja.
En cambio, leer un libro junto a la ventana, saboreando un té de frutas, y levantar de tanto en tanto la vista para admirar los últimos rayos de sol iluminar mis tierras, sí que me saldría muy bien.
Ja ja...ni yo me lo creo.
Porque no puedo decir con lo que en realidad sueño.
No vaya a ser que no se cumpla.
Yo, por ejemplo, sueño con quedarme a vivir, después de ir a la playa, eso sí, en San Julián, un pequeño pueblito costero de la provincia de Santa Cruz, donde los vecinos se conocen todos, como ocurría años atrás en findelmundo y turistas esporádicos visitan su hermosa ría.
Conseguirme un trabajo frente al mar.
Enamorarme tal vez de un hombre de campo.
Quiero decir de un dueño de estancia, ya que no me daría maña para esquilar una oveja.
En cambio, leer un libro junto a la ventana, saboreando un té de frutas, y levantar de tanto en tanto la vista para admirar los últimos rayos de sol iluminar mis tierras, sí que me saldría muy bien.
Ja ja...ni yo me lo creo.
Porque no puedo decir con lo que en realidad sueño.
No vaya a ser que no se cumpla.
viernes, enero 21, 2005
Divagaciones
Mientras preparo mis cosas para viajar me asalta una duda existencial:
-¿Qué hago con la ropa de verano que no me entra?
¿La regalo o la guardo como testimonio de que en una época de mi vida fui mucho más flaca? No me digan que la guarde para no tener más remedio que adelgazar, porque he comprobado que es mentira.
Tampoco puedo conservarla hasta cuando vuelva a fumar, porque eso nunca sucederá.
En definitiva creo que me cansé de mi vieja ropa y la quiero lejos de mi vida.
Aparte cuando era más flaca no era más felíz....o sea que una cosa no va con la otra, es decir que no tienen nada que ver delgadez y felicidad.
Pero tampoco gordura y alegría.
¿ Y entonces...la regalo, no la regalo, la regalo, no...?
-¿Qué hago con la ropa de verano que no me entra?
¿La regalo o la guardo como testimonio de que en una época de mi vida fui mucho más flaca? No me digan que la guarde para no tener más remedio que adelgazar, porque he comprobado que es mentira.
Tampoco puedo conservarla hasta cuando vuelva a fumar, porque eso nunca sucederá.
En definitiva creo que me cansé de mi vieja ropa y la quiero lejos de mi vida.
Aparte cuando era más flaca no era más felíz....o sea que una cosa no va con la otra, es decir que no tienen nada que ver delgadez y felicidad.
Pero tampoco gordura y alegría.
¿ Y entonces...la regalo, no la regalo, la regalo, no...?
martes, enero 18, 2005
Vacaciones
Dentro de poco salgo de vacaciones.
Lo que significa que salgo de la isla, pero me quedo en Patagonia, como me gusta.
Voy a manejar durante 4000 km y un poco más.
No veo la hora.
De pasar por estaciones de servicio casi vacías y hoteles desmantelados, como en las películas de Sorín, de ver gaviotas picoteando entre las piedras frente al estrecho de Magallanes, de perderme en el tiempo mientras miro los interminables cables de teléfono, de tomar café caliente frente al mar en San Julián y té perfumado en Gaimán y esquivar el viento en Comodoro y también a los vecinos de findemundo que pululan a lo largo de la ruta.
Qué bueno.
No usar medias por muchos días.
Lo que significa que salgo de la isla, pero me quedo en Patagonia, como me gusta.
Voy a manejar durante 4000 km y un poco más.
No veo la hora.
De pasar por estaciones de servicio casi vacías y hoteles desmantelados, como en las películas de Sorín, de ver gaviotas picoteando entre las piedras frente al estrecho de Magallanes, de perderme en el tiempo mientras miro los interminables cables de teléfono, de tomar café caliente frente al mar en San Julián y té perfumado en Gaimán y esquivar el viento en Comodoro y también a los vecinos de findemundo que pululan a lo largo de la ruta.
Qué bueno.
No usar medias por muchos días.
viernes, enero 14, 2005
Lluvias necesarias
Hubo un temporada de lluvias casi tropicales en findelmundo.
El cielo se oscurecía de pronto, se encrespaban las aguas del canal y en dos segundos se desataba el diluvio de gotas gordas, casi dolorosas.
Me he mojado con ganas y sin ganas, sin querer y a propósito, siempre mucho, como cuando no vivía aquí y este tipo de lluvias era lo cotidiano.
Me he mojado con placer y a veces hasta con tristeza.
Pero era necesario.
Había mucho por lavar en findelmundo.
Ahora se siente más fresco.
El cielo se oscurecía de pronto, se encrespaban las aguas del canal y en dos segundos se desataba el diluvio de gotas gordas, casi dolorosas.
Me he mojado con ganas y sin ganas, sin querer y a propósito, siempre mucho, como cuando no vivía aquí y este tipo de lluvias era lo cotidiano.
Me he mojado con placer y a veces hasta con tristeza.
Pero era necesario.
Había mucho por lavar en findelmundo.
Ahora se siente más fresco.
domingo, enero 09, 2005
De compras
Hay épocas en que entrar a la ferretería tiene para mí el mismo encanto que ingresar a una librería o a una tienda de ropa. No sólo eso, sino que me compraría todo: esos clavos en bolsita, los picaportes dorados, una pintura esmaltada...
En esas andaba, husmeando por todos lados cuando me choqué con otra persona de atrás. Miré de soslayo y ví que era un hombre con el pelo totalmente blanco, cortado muy cortito, casi como un cepillo. Parecía un pelo muy suave y brillaba como el de las muñecas. Vestía unos vaqueros grandes y una campera de polar verde inglés, arremangada como usan los que están trabajando en una obra y tienen que interrumpir para salir corriendo a comprar algún elemento cuya cantidad calcularon mal.
No estaba solo.
A su lado había una mujer bastante grande de edad, mucho mayor que el hombre, también con el pelo blanco y corto, también con vaqueros grandes y campera verde pero de nylon, arrugada.
Como estaban junto a mí pude escuchar que apenas balbuceaban el castellano y tenían los ojos muy azules. Me pareció extraño que unos turistas necesitasen algo de la ferretería, a no ser que fuesen dueños de un velero.
Me gustó la seguridad con que llevaban sus años y su pelo cano, la soltura, la actitud de llevarse el mundo por delante, la experiencia y la sabiduría que se advertían en los gestos, contrariamente a lo que demuestra los ancianos de este país, donde el culto a la juventud los defenestra antes de tiempo.
Pagaron ocho pesos en la caja con un billete de diez todo dobladito.
El hombre me llamaba mucho la atención. Había algo extraño en él. O mejor dicho, conocido. La curva de la cadera, más relleno el trasero, la mirada pícara. Era una mujer, no había dudas. Y la que creí mujer tal vez fuese un hombre, plano de todos lados. O quizás ambas pertenecían al sexo femenino y eran pareja. O madre e hija. O que se yo.
Pero como ellas o como ella y él me gustaría ser cuando sea vieja.
En esas andaba, husmeando por todos lados cuando me choqué con otra persona de atrás. Miré de soslayo y ví que era un hombre con el pelo totalmente blanco, cortado muy cortito, casi como un cepillo. Parecía un pelo muy suave y brillaba como el de las muñecas. Vestía unos vaqueros grandes y una campera de polar verde inglés, arremangada como usan los que están trabajando en una obra y tienen que interrumpir para salir corriendo a comprar algún elemento cuya cantidad calcularon mal.
No estaba solo.
A su lado había una mujer bastante grande de edad, mucho mayor que el hombre, también con el pelo blanco y corto, también con vaqueros grandes y campera verde pero de nylon, arrugada.
Como estaban junto a mí pude escuchar que apenas balbuceaban el castellano y tenían los ojos muy azules. Me pareció extraño que unos turistas necesitasen algo de la ferretería, a no ser que fuesen dueños de un velero.
Me gustó la seguridad con que llevaban sus años y su pelo cano, la soltura, la actitud de llevarse el mundo por delante, la experiencia y la sabiduría que se advertían en los gestos, contrariamente a lo que demuestra los ancianos de este país, donde el culto a la juventud los defenestra antes de tiempo.
Pagaron ocho pesos en la caja con un billete de diez todo dobladito.
El hombre me llamaba mucho la atención. Había algo extraño en él. O mejor dicho, conocido. La curva de la cadera, más relleno el trasero, la mirada pícara. Era una mujer, no había dudas. Y la que creí mujer tal vez fuese un hombre, plano de todos lados. O quizás ambas pertenecían al sexo femenino y eran pareja. O madre e hija. O que se yo.
Pero como ellas o como ella y él me gustaría ser cuando sea vieja.
viernes, enero 07, 2005
Unas viejas aventuras
Todos los años en enero me da por leer viejos libros de viajes a la Tierra del Fuego.
Por suerte como están de moda cada vez hay más gente que edita esas increibles, aunque muy ideológicamente dirigidas, expediciones de aventuras, escritas en diferentes idiomas, cuyas versiones originales el museo esconde bajo siete llaves.
Ahora le tocó el turno al capitán Louis-Ferdinand Martial, que comandó la expedición francesa de La Romanche de 1882-3, a la bahía Orange (Chile) en la isla Hoste, enfrente del mismísimo cabo de Hornos, mi regalo de Reyes.
Fresquito, el libro posee una innumerable colección de fotografías de yámanas que tomaron los miembros de la expedición.
Me gustan esas jóvenes yámanas, de pelo carré, delicados collarcitos de fragmentos de huesos de aves al natural y quemados, para hacerlos de dos colores, sus cubresexos y tobilleras de cuero.
Su piel oscura luce el color del cielo los días de tormenta austral.
Algunas tienen miradas de niñas acostumbradas a calentarse en el fuego.
Otras ya conocieron hombre.
Y digan lo que digan de indígenas y colonizadores, más allá de políticas e injusticias, de abusos imperiales y credos absurdos, habrá habido atracciones fuertes entre las jóvenes de piel brillante por la grasa de lobo y esos pálidos científicos de cabellos claros.
¿Qué habrá ocurrido después de las fotos? ¿Se habrán mirado a los ojos? ¿Descifrado sus idiomas? ¿Acariciado? ¿Amado? ¿Esperado?¿Extrañado? ¿Habrá habido niños rubios compartiendo un festín de ballena varada? ¿Habrá sido triste ver a la Romanche alejarse para siempre de la bahía Orange? ¿Cómo lloraban las yámanas? ¿A quién le contaban sus secretos?
¿Cómo sería ser yámana y no tener correo electrónico?
Por suerte como están de moda cada vez hay más gente que edita esas increibles, aunque muy ideológicamente dirigidas, expediciones de aventuras, escritas en diferentes idiomas, cuyas versiones originales el museo esconde bajo siete llaves.
Ahora le tocó el turno al capitán Louis-Ferdinand Martial, que comandó la expedición francesa de La Romanche de 1882-3, a la bahía Orange (Chile) en la isla Hoste, enfrente del mismísimo cabo de Hornos, mi regalo de Reyes.
Fresquito, el libro posee una innumerable colección de fotografías de yámanas que tomaron los miembros de la expedición.
Me gustan esas jóvenes yámanas, de pelo carré, delicados collarcitos de fragmentos de huesos de aves al natural y quemados, para hacerlos de dos colores, sus cubresexos y tobilleras de cuero.
Su piel oscura luce el color del cielo los días de tormenta austral.
Algunas tienen miradas de niñas acostumbradas a calentarse en el fuego.
Otras ya conocieron hombre.
Y digan lo que digan de indígenas y colonizadores, más allá de políticas e injusticias, de abusos imperiales y credos absurdos, habrá habido atracciones fuertes entre las jóvenes de piel brillante por la grasa de lobo y esos pálidos científicos de cabellos claros.
¿Qué habrá ocurrido después de las fotos? ¿Se habrán mirado a los ojos? ¿Descifrado sus idiomas? ¿Acariciado? ¿Amado? ¿Esperado?¿Extrañado? ¿Habrá habido niños rubios compartiendo un festín de ballena varada? ¿Habrá sido triste ver a la Romanche alejarse para siempre de la bahía Orange? ¿Cómo lloraban las yámanas? ¿A quién le contaban sus secretos?
¿Cómo sería ser yámana y no tener correo electrónico?
jueves, enero 06, 2005
Mentiras piadosas
Hay una niña de rulos por acá cerca que tiene un amigo invisible.
Se llama Tato.
En ocasiones es tan diminuto que ella puede levantarlo como si fuese una manzana para ponerlo cerca de su rostro y sacarse ambos una foto.
Pero generalmente la sobrepasa en altura.
Tato siempre está presente, no se pierde ningún juego y menos aún los retos. Conocedor del mundo, Tato es grande y es chiquito, es bueno y es malo, confiable y mentiroso. Y aunque nadie lo ve, todos lo respetan como si fuese real.
Dicen que es normal que los niños inventen amigos...¿Y los grandes? ¿Por qué no?
Mi amigo invisible tendría que haber leido todos los libros del mundo, sin que se le escapase ninguno, ser valiente y divertido, soñador y poeta, fotógrafo y cocinero, caminador y sencillo. Podría parecerse a George Clooney en "Un día muy especial" o a Sting hace unos años...total...si es por imaginar...
Se llama Tato.
En ocasiones es tan diminuto que ella puede levantarlo como si fuese una manzana para ponerlo cerca de su rostro y sacarse ambos una foto.
Pero generalmente la sobrepasa en altura.
Tato siempre está presente, no se pierde ningún juego y menos aún los retos. Conocedor del mundo, Tato es grande y es chiquito, es bueno y es malo, confiable y mentiroso. Y aunque nadie lo ve, todos lo respetan como si fuese real.
Dicen que es normal que los niños inventen amigos...¿Y los grandes? ¿Por qué no?
Mi amigo invisible tendría que haber leido todos los libros del mundo, sin que se le escapase ninguno, ser valiente y divertido, soñador y poeta, fotógrafo y cocinero, caminador y sencillo. Podría parecerse a George Clooney en "Un día muy especial" o a Sting hace unos años...total...si es por imaginar...
miércoles, enero 05, 2005
Tarde de miércoles, Noche de Reyes
Hay personas de las que debemos huir y no justamente porque nos caigan mal.
Un fósforo y una mecha no tendrían que mirarse, jamás.
Tampoco una horca y un cuello.
O un pan y la manteca, un hilo y la aguja, esos pares desparejos pero complementarios que andan por el mundo acercándose y alejándose para suerte o desgracia.
Creo que soy afortunada.
No todos poseen esta clase de conocimientos.
¿Lo soy?
Mejor voy a poner los zapatos.
Un fósforo y una mecha no tendrían que mirarse, jamás.
Tampoco una horca y un cuello.
O un pan y la manteca, un hilo y la aguja, esos pares desparejos pero complementarios que andan por el mundo acercándose y alejándose para suerte o desgracia.
Creo que soy afortunada.
No todos poseen esta clase de conocimientos.
¿Lo soy?
Mejor voy a poner los zapatos.
sábado, enero 01, 2005
Hoy limpieza
Que el desorden, es decir la acumulación de bienes, debe resolverse de una manera extremadamente penosa por la separación con los bienes.
Creo que todas las mujeres sufren por esto, por no saber tirar y separarse.
Hay familias que, cuando tienen una gran casa, lo guardan todo durante tres siglos, los niños, el señor Conde, Alcalde del pueblo, los trajes y los juguetes.
He tirado y he lamentado.
Siempre se lamenta haber tirado en algún momento de la vida.
Pero sino se tira, si uno no se separa, si se quiere guardar el tiempo, se puede pasar la vida ordenando y archivando la vida.
Las mujeres guardan a menudo las facturas de electricidad y de gas durante veinte años, sin otra razón que la de archivar el tiempo, archivar sus méritos, el tiempo que han pasado y del que no queda nada.
De La Vida Material, de Marguerite Duras
Creo que todas las mujeres sufren por esto, por no saber tirar y separarse.
Hay familias que, cuando tienen una gran casa, lo guardan todo durante tres siglos, los niños, el señor Conde, Alcalde del pueblo, los trajes y los juguetes.
He tirado y he lamentado.
Siempre se lamenta haber tirado en algún momento de la vida.
Pero sino se tira, si uno no se separa, si se quiere guardar el tiempo, se puede pasar la vida ordenando y archivando la vida.
Las mujeres guardan a menudo las facturas de electricidad y de gas durante veinte años, sin otra razón que la de archivar el tiempo, archivar sus méritos, el tiempo que han pasado y del que no queda nada.
De La Vida Material, de Marguerite Duras
viernes, diciembre 31, 2004
Año nuevo
Cuando era una niña pensaba muchas cosas raras.
Como que iba a ser astronauta y que el año 2000 nunca llegaría.
¡Felíz 2005 para todos!!!!!
Como que iba a ser astronauta y que el año 2000 nunca llegaría.
¡Felíz 2005 para todos!!!!!
jueves, diciembre 30, 2004
Fuera de servicio
Fui al médico porque sentía la cabeza tan llena que tuve miedo de que no me entrase nada más: ni un dato, una cifra, un nombre, un recuerdo.
Los ruidos cotidianos me sonaban como ciudades enteras ardiendo. Las cosas para hacer llenaban una interminable lista.
Me ahogaba.
Stress fue la sentencia.
Me dí cuenta después que volví del campo donde pasé la Navidad y dos días muy tranquilos. Findelmundo se parece cada vez más a una gran urbe, no por el tamaño, sino porque empieza a sufrir los problemas de las grandes ciudades. La gente está alterada: fin de año, las fiestas, terminar el trabajo, las vacaciones, los balances, las despedidas, prepararse para salir de la isla, que no es lo mismo que salir de cualquier otro lugar, los conflictos, lo no resuelto, lo dicho y no hecho... Para curarme estoy tratando de tomar distancia de mí. Como si no fuera yo. Hago limpiezas generales, regalo lo que no se usa, ordeno, corto el pasto, mi cuerpo se cansa para que mi mente repose, pienso poco, observo, toco, huelo, respiro, leo libros muy bien escogidos, huyo de los pesados, las discusiones, el pasado y el futuro, camino como si pisara nubes, no me involucro en nada, dejo congelados por un tiempo los planes, busco la soledad y el silencio, duermo con la ventana abierta, tomo vasos de leche tibia.
A veces viene bien.
.
Los ruidos cotidianos me sonaban como ciudades enteras ardiendo. Las cosas para hacer llenaban una interminable lista.
Me ahogaba.
Stress fue la sentencia.
Me dí cuenta después que volví del campo donde pasé la Navidad y dos días muy tranquilos. Findelmundo se parece cada vez más a una gran urbe, no por el tamaño, sino porque empieza a sufrir los problemas de las grandes ciudades. La gente está alterada: fin de año, las fiestas, terminar el trabajo, las vacaciones, los balances, las despedidas, prepararse para salir de la isla, que no es lo mismo que salir de cualquier otro lugar, los conflictos, lo no resuelto, lo dicho y no hecho... Para curarme estoy tratando de tomar distancia de mí. Como si no fuera yo. Hago limpiezas generales, regalo lo que no se usa, ordeno, corto el pasto, mi cuerpo se cansa para que mi mente repose, pienso poco, observo, toco, huelo, respiro, leo libros muy bien escogidos, huyo de los pesados, las discusiones, el pasado y el futuro, camino como si pisara nubes, no me involucro en nada, dejo congelados por un tiempo los planes, busco la soledad y el silencio, duermo con la ventana abierta, tomo vasos de leche tibia.
A veces viene bien.
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martes, diciembre 28, 2004
Japonesa
También disfruto del séptimo día, cuando la gente arranca las primeras hierbas que han germinado bajo la nieve. Me divierte su excitación al encontrarlas cerca del Palacio, un sitio donde jamás habrían esperado hallarlas
Finalmente estoy leyendo El Libro de la Almohada, de Sei Shônagon, cuya existencia conocí a través de un post de Unoquepasaba. Si bien no tengo la delicadeza, ni el tamaño, ni la brevedad de discurso de las japonesas, creo que nos parecemos en algo. Yo disfruto mucho con los cambios que se van sucediendo a lo largo de las cuatro estaciones, con los ritmos de la naturaleza, las sutiles señales que anuncian las tormentas o el invierno. No hay nada que me ponga más contenta que ver aparecer las yemas ensangrentadas de los ruibarbos en la tierra aún helada de findelmundo. O tal vez sí: descubrir las minúsculas violetas amarillas o los fragantes geranios con que la primavera celebra su aparición en el bosque fueguino.
E imitando a Sei, podría decir:
El mes de enero, (me gusta) porque la ciudad queda vacía y todos huyen de la isla como si fuese un animal salvaje; entonces me divierto caminando por la orilla del canal y quiero que el séptimo día del primer mes el agua esté completamente calma. Y que en el segundo mes haya una larga temporada de lluvias para poder ordenar mis pensamientos.
Finalmente estoy leyendo El Libro de la Almohada, de Sei Shônagon, cuya existencia conocí a través de un post de Unoquepasaba. Si bien no tengo la delicadeza, ni el tamaño, ni la brevedad de discurso de las japonesas, creo que nos parecemos en algo. Yo disfruto mucho con los cambios que se van sucediendo a lo largo de las cuatro estaciones, con los ritmos de la naturaleza, las sutiles señales que anuncian las tormentas o el invierno. No hay nada que me ponga más contenta que ver aparecer las yemas ensangrentadas de los ruibarbos en la tierra aún helada de findelmundo. O tal vez sí: descubrir las minúsculas violetas amarillas o los fragantes geranios con que la primavera celebra su aparición en el bosque fueguino.
E imitando a Sei, podría decir:
El mes de enero, (me gusta) porque la ciudad queda vacía y todos huyen de la isla como si fuese un animal salvaje; entonces me divierto caminando por la orilla del canal y quiero que el séptimo día del primer mes el agua esté completamente calma. Y que en el segundo mes haya una larga temporada de lluvias para poder ordenar mis pensamientos.
viernes, diciembre 24, 2004
Navidad
¡Felíz Navidad para todos!
Y que les quede algún deseo sin cumplir, así tienen algo por lo que vivir: deseos, sueños, esperanzas...
Besos a todos con garrapiñadas.
Y que les quede algún deseo sin cumplir, así tienen algo por lo que vivir: deseos, sueños, esperanzas...
Besos a todos con garrapiñadas.
miércoles, diciembre 22, 2004
Cumpleaños
sorpresa
Cuando llegué al trabajo ví los globos perlados, blancos y rosas.
Eran tres enormes racimos dispuestos a distancias equidistantes sobre el cerco de rejas de una de las casas de la loma que está enfrente de mi ventana.
Nunca había visto anunciar de ese modo un cumpleaños de quince, así que me pasé gran parte de la mañana levantando la vista y perdiendo la mirada entre los globos que apenas se balanceaban.Recordé los globos llenos de helio, que para alguna festividad que ya no recuerdo, soltábamos al cielo junto a la catedral de La Plata y otros globos muy pequeños, también de la infancia lejos de aquí, que tenían ojos y una lengua que salía cuando uno los apretaba.
A eso de las doce se empezó a levantar viento del sudoeste. Los globos saltaban y se chocaban. Los manojos comenzaron a acercarse. En un momento dado, uno de los racimos voló, cruzó la calle y quedó enganchado en la antena de un auto estacionado.Enseguida apareció una mujer que desenredó los hilos, acomodó un poco los globos, pero en lugar de devolverlos a su lugar los introdujo dentro de su pequeño auto, al que subió junto con sus dos hijas.
El vehículo hizo marcha atrás, salió del estacionamiento y enfiló la trompa hacia donde yo trabajo. Salí a la calle y miré fijamente el número de la patente mientras lo repetía mentalmente para no olvidarlo. Aunque no me importaba si no lo recordaba más de cinco minutos; la única intención fue hacer sentir mal a la mujer, que pasó al lado mío con su automóvil repleto de globos e hijas con caras de sardinas, sonriendo incómoda.
De todas maneras no hubiera hecho falta mi mirada.
No hay nada más ridículo que quien acarrea globos de una fiesta a la que no fue invitado.
domingo, diciembre 19, 2004
Final de juego
viernes, diciembre 17, 2004
Azul, la lluvia
En temporada turística tratar de enviar una carta de las de antes desde findelmundo suele requerir su buen tiempo. A cambio uno se entretiene observando gentes de otras partes del mundo.
Esta mañana la fila llegaba hasta la entrada del edificio de correos.
Había gente de la ciudad y muchos extranjeros, entre ellos una mujer japonesa con su hijo adolescente y, delante mío, un joven rubio muy alto, que podría haber sido oriundo de cualquier remoto sitio.
Apenas entré se dió vuelta y me miró con unos ojos muy azules, cuyo color descubrí después, porque en ese momento no lo miré, sino que lo hice minutos después cuando estuve segura de que no me estaba mirando. Esta acción en cierta forma sincronizada, es decir, que él me mirara y yo no y que yo lo mirara y él no, se repitió varias veces. En medio de ellas, como habremos calculado mal el tiempo, nuestras miradas se encontraron en unas cuantas oportunidades. Yo estaba segura de que me quería preguntar algo y temía no salir airosa de tener que contestarle en inglés, aunque reconozco que un par de veces estuve tentada de hablarle.
A los diez minutos me empecé a poner nerviosa, como siempre que espero que ocurra algo que no ocurre o que no puedo escapar de lo que me perturba.
Cuando él no me miraba miraba a otras personas, hacia la derecha y hacia la izquierda giraba su cabeza para mirar, fijaba la vista en los que entraban y acompañaba con sus ojos a los que ya habían cruzado la puerta de vidrio para salir.
Mientras no me observaba yo lo observaba a él.
Si bien parecía extranjero no estaba vestido con la ropa que suelen usar los viajeros. Tenía puesto un pantalón de vestir, como si fuera de un traje, unos mocasines color suela de gamuza y una campera de modelo bastante antiguo con piel alrededor de la capucha. Su mochila era negra y muy pequeña. Parecía muy joven pero estaba perdiendo el pelo.
Antes de que lo atendieran llegué a la conclusión de que tenía avidez por mirar.
Miró todo, no dejó espacio vírgen dentro del correo, nadie se salvó de su mirada marina, una hermosa mirada que incomodaba, porque seguramente veía más de lo acostumbrado, una mirada que desnudaba el alma y hacía pensar en inviernos duros y helados.
Cuando le tocó el turno quizás le entregó unos sobres a la empleada, porque no pude ver bien. La chica le dijo son 23 pesos. El le hizo señas de que no entendía. Ella dijo twenty three. El asintió con la cabeza, sonriente y dijo algo que hubiese sonado como okey si hubiese podido pronunciarlo, porque su boca hizo movimiento de hablar pero de su garganta no salió ninguna palabra.
En ese preciso momento descubrí que los adminículos que llevaba en las orejas no formaban parte de un walkman como creía. Y me atacaron unas enormes casi gigantescas ganas de por lo menos decirle chau con la mano, pero cuando salí del correo apurada, luego de dejar mis cartas, el joven rubio se había perdido con sus ojos azules bajo la lluvia, una lluvia que ya ni mojaba, una lluvia muy gastada de tanto que la habían mirado.
Esta mañana la fila llegaba hasta la entrada del edificio de correos.
Había gente de la ciudad y muchos extranjeros, entre ellos una mujer japonesa con su hijo adolescente y, delante mío, un joven rubio muy alto, que podría haber sido oriundo de cualquier remoto sitio.
Apenas entré se dió vuelta y me miró con unos ojos muy azules, cuyo color descubrí después, porque en ese momento no lo miré, sino que lo hice minutos después cuando estuve segura de que no me estaba mirando. Esta acción en cierta forma sincronizada, es decir, que él me mirara y yo no y que yo lo mirara y él no, se repitió varias veces. En medio de ellas, como habremos calculado mal el tiempo, nuestras miradas se encontraron en unas cuantas oportunidades. Yo estaba segura de que me quería preguntar algo y temía no salir airosa de tener que contestarle en inglés, aunque reconozco que un par de veces estuve tentada de hablarle.
A los diez minutos me empecé a poner nerviosa, como siempre que espero que ocurra algo que no ocurre o que no puedo escapar de lo que me perturba.
Cuando él no me miraba miraba a otras personas, hacia la derecha y hacia la izquierda giraba su cabeza para mirar, fijaba la vista en los que entraban y acompañaba con sus ojos a los que ya habían cruzado la puerta de vidrio para salir.
Mientras no me observaba yo lo observaba a él.
Si bien parecía extranjero no estaba vestido con la ropa que suelen usar los viajeros. Tenía puesto un pantalón de vestir, como si fuera de un traje, unos mocasines color suela de gamuza y una campera de modelo bastante antiguo con piel alrededor de la capucha. Su mochila era negra y muy pequeña. Parecía muy joven pero estaba perdiendo el pelo.
Antes de que lo atendieran llegué a la conclusión de que tenía avidez por mirar.
Miró todo, no dejó espacio vírgen dentro del correo, nadie se salvó de su mirada marina, una hermosa mirada que incomodaba, porque seguramente veía más de lo acostumbrado, una mirada que desnudaba el alma y hacía pensar en inviernos duros y helados.
Cuando le tocó el turno quizás le entregó unos sobres a la empleada, porque no pude ver bien. La chica le dijo son 23 pesos. El le hizo señas de que no entendía. Ella dijo twenty three. El asintió con la cabeza, sonriente y dijo algo que hubiese sonado como okey si hubiese podido pronunciarlo, porque su boca hizo movimiento de hablar pero de su garganta no salió ninguna palabra.
En ese preciso momento descubrí que los adminículos que llevaba en las orejas no formaban parte de un walkman como creía. Y me atacaron unas enormes casi gigantescas ganas de por lo menos decirle chau con la mano, pero cuando salí del correo apurada, luego de dejar mis cartas, el joven rubio se había perdido con sus ojos azules bajo la lluvia, una lluvia que ya ni mojaba, una lluvia muy gastada de tanto que la habían mirado.
miércoles, diciembre 15, 2004
Será en febrero...
El viernes me recibiría si no fuera porque....
no me acordaba que en las materias promocionadas había que anotarse también, como si uno fuera a rendirlas.
O sea que a veces lo del dicho es justamente al revés....
no hay bien que por mal no venga.
Porque si en esa materia que no quiero ni nombrar me hubiese sacado menor nota, hubiese tenido que rendir el exámen final y me hubiese anotado para rendir como hice con las materias correspondientes.
Ahora tengo que esperar hasta febrero.
Una compañera que estaba presente en el momento en que me dí cuenta del fatal error dijo que se nota que yo no quiero superar esa instancia.
¿Por qué no querré recibirme?
Y esto que cuento como si nada logró ponerme muy mal. Estuve al borde de las lágrimas toda la tarde ( y un poco más) hasta que salimos a dar una vuelta con una amiga y nos encontramos en la basura de una casa tres sillas antiguas y encantadoras para reparar.
Y aunque a mí me tocó una porque yo no las descubrí, se me pasó el malhumor y
descubrí que una silla maltrecha puede resultar la mejor de las moscas de alas plateadas.
no me acordaba que en las materias promocionadas había que anotarse también, como si uno fuera a rendirlas.
O sea que a veces lo del dicho es justamente al revés....
no hay bien que por mal no venga.
Porque si en esa materia que no quiero ni nombrar me hubiese sacado menor nota, hubiese tenido que rendir el exámen final y me hubiese anotado para rendir como hice con las materias correspondientes.
Ahora tengo que esperar hasta febrero.
Una compañera que estaba presente en el momento en que me dí cuenta del fatal error dijo que se nota que yo no quiero superar esa instancia.
¿Por qué no querré recibirme?
Y esto que cuento como si nada logró ponerme muy mal. Estuve al borde de las lágrimas toda la tarde ( y un poco más) hasta que salimos a dar una vuelta con una amiga y nos encontramos en la basura de una casa tres sillas antiguas y encantadoras para reparar.
Y aunque a mí me tocó una porque yo no las descubrí, se me pasó el malhumor y
descubrí que una silla maltrecha puede resultar la mejor de las moscas de alas plateadas.
lunes, diciembre 13, 2004
domingo, diciembre 12, 2004
Deseo para el 24
He decidido que para estas navidades deseo:
. una torta galesa bien húmeda y con muchas pasas
. helado de frambuesas del patio de mi infancia
. un libro autobiográfico de alguna escritora muy loca
. un aro para la naríz
. mucha energía
. un amor de esos de película (aunque dure lo mismo)
. una torta galesa bien húmeda y con muchas pasas
. helado de frambuesas del patio de mi infancia
. un libro autobiográfico de alguna escritora muy loca
. un aro para la naríz
. mucha energía
. un amor de esos de película (aunque dure lo mismo)
sábado, diciembre 11, 2004
Bipolar
Estoy como el tiempo.
Un día de verano prestado, para mojar los tobillos en el Beagle, otro de tormenta con olor a bosque anegado.
Un día podría subir al monte Olivia, bajar y volverlo a subir, otro me cuesta levantar los pies.
Un día amo, canto, escribo, al otro me acurruco dentro mío y hago silencio.
Un día quiero algo, al otro no me alcanza.
A veces me asusto porque no sé que va a ser de mí, tanto dar vueltas y no tener paz.
Pero, por favor no me hagan caso, que seguro pasa una mosca de alas plateadas y me da por seguirla, felíz.
Un día de verano prestado, para mojar los tobillos en el Beagle, otro de tormenta con olor a bosque anegado.
Un día podría subir al monte Olivia, bajar y volverlo a subir, otro me cuesta levantar los pies.
Un día amo, canto, escribo, al otro me acurruco dentro mío y hago silencio.
Un día quiero algo, al otro no me alcanza.
A veces me asusto porque no sé que va a ser de mí, tanto dar vueltas y no tener paz.
Pero, por favor no me hagan caso, que seguro pasa una mosca de alas plateadas y me da por seguirla, felíz.
martes, diciembre 07, 2004
La estrella más lejana
Desde hace casi dos meses enfrente de mi casa hay un hombre con una pena de amor.
Tiene el pelo largo hasta los hombros y lleno de rulos castaños, la mirada oscura y penetrante.
Es albañil y construye unos departamentos para alquilar.
Apenas llega al trabajo, a eso de las nueve de la mañana, enciende una radio portátil o quizás un viejo grabador, ya que nunca le escuché publicidades, y hasta la hora en que abandona sus tareas, a eso de las cinco de la tarde, no dejá de escuchar (fuerte, muy fuerte) boleros y otras canciones románticas, Luis Miguel, Alejandro Sanz, Eros Ramazotti y más en ese estilo.
Las mañanas en que mis pájaros se quedaron dormidos, son ellos los que me despiertan. Entonces yo me levanto y corro las cortinas, sólo lo necesario para curiosear cómo se viene el día y de paso controlar que el sufrimiento de mi eventual vecino no provoque un derrumbe en el barrio.
Sin embargo él continúa impecable con sus menesteres.
Nunca he visto un edificio más prolijo estando en obra.
Hay días en que lo imagino dentro de una película (italiana) que recién comienza, con esa música de fondo. Saca mezcla con una cuchara y va pegando los bloques, mientras las lágrimas caen para hacer más duro el cemento. Por sobre su cabeza se ven las cumbres de los montes Martiales, con algunos glaciares en retroceso, el cielo azul de primavera, ninguna nube aún. Corre una brisa que le alborota los pelos y un te amo dicho por los labios tuyos es la música del cielo canta la radio o lo que sea.
Hace dos días que no escucho más el aparato, pero el albañil sigue viviendo a trabajar.
No sé que pensar: si la mujer le dijo que sí, le robaron la radio o algún vecino se quejó por el ruido.
Tampoco sé por qué una pena de amor ajena resulta tan cómica. Será tal vez porque un te amo dicho por los labios tuyos es poema que acelera los latidos de mi corazón....
Tiene el pelo largo hasta los hombros y lleno de rulos castaños, la mirada oscura y penetrante.
Es albañil y construye unos departamentos para alquilar.
Apenas llega al trabajo, a eso de las nueve de la mañana, enciende una radio portátil o quizás un viejo grabador, ya que nunca le escuché publicidades, y hasta la hora en que abandona sus tareas, a eso de las cinco de la tarde, no dejá de escuchar (fuerte, muy fuerte) boleros y otras canciones románticas, Luis Miguel, Alejandro Sanz, Eros Ramazotti y más en ese estilo.
Las mañanas en que mis pájaros se quedaron dormidos, son ellos los que me despiertan. Entonces yo me levanto y corro las cortinas, sólo lo necesario para curiosear cómo se viene el día y de paso controlar que el sufrimiento de mi eventual vecino no provoque un derrumbe en el barrio.
Sin embargo él continúa impecable con sus menesteres.
Nunca he visto un edificio más prolijo estando en obra.
Hay días en que lo imagino dentro de una película (italiana) que recién comienza, con esa música de fondo. Saca mezcla con una cuchara y va pegando los bloques, mientras las lágrimas caen para hacer más duro el cemento. Por sobre su cabeza se ven las cumbres de los montes Martiales, con algunos glaciares en retroceso, el cielo azul de primavera, ninguna nube aún. Corre una brisa que le alborota los pelos y un te amo dicho por los labios tuyos es la música del cielo canta la radio o lo que sea.
Hace dos días que no escucho más el aparato, pero el albañil sigue viviendo a trabajar.
No sé que pensar: si la mujer le dijo que sí, le robaron la radio o algún vecino se quejó por el ruido.
Tampoco sé por qué una pena de amor ajena resulta tan cómica. Será tal vez porque un te amo dicho por los labios tuyos es poema que acelera los latidos de mi corazón....
lunes, diciembre 06, 2004
Breve
Me despiertan esos pájaros bochincheros que se han metido en el techo.
Aunque últimamente pienso que más que nada ellos anidan en mi cabeza.
Pájaros.
(¿Podré volver a escribir textos largos alguna vez?)
Aunque últimamente pienso que más que nada ellos anidan en mi cabeza.
Pájaros.
(¿Podré volver a escribir textos largos alguna vez?)
domingo, diciembre 05, 2004
El agua II
Sonrío porque fui la que vió más lejos.
Y aunque no eres recomendable, te recomiendo a quien quiera despertar.
¡Felíz otoño!
Y aunque no eres recomendable, te recomiendo a quien quiera despertar.
¡Felíz otoño!
viernes, diciembre 03, 2004
El agua
Cuando la lluvia golpea contra mi ventana como ahora, te recuerdo.
Te recuerdo y sonrío.
Aunque no entiendas.
Y no entiendas, sonrío.
Te recuerdo y sonrío.
Aunque no entiendas.
Y no entiendas, sonrío.
miércoles, diciembre 01, 2004
La virtud
Dijo Manuel H que dijo Joseph Goebbels que
una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.
Ahora yo me pregunto:
¿Uno que dijo mil mentiras ya no es más un mentiroso sino un hombre sincero?
una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.
Ahora yo me pregunto:
¿Uno que dijo mil mentiras ya no es más un mentiroso sino un hombre sincero?
Bucólica
El domingo primera salida al campo de la temporada.
La lluvia torrencial no nos amedrentó, tampoco el paso Garibaldi ( donde se halla el más popular de los precipicios que tenemos cerca ) envuelto en bruma como tiene por costumbre.
Hace dos años que no tengo carnet de conducir.
Supongo que se tratará de una rebeldía o algo así.
Y no es que disfrute de la circunstancia, muy por el contrario, la sufro todo el tiempo.
Unos doscientos metros antes de los sitios donde policías o gendarmes suelen hacer operativos de tránsito, el padre de una amiga, 78 años, hace poco operado de la rodilla, se pasaba a mi auto y conducía hasta unos metros más allá de pasado el peligro, con el trabajo que ello le causaba, para colmo sabiendo yo que todo era era un poco inútil pues los controles van variando de lugar y pueden aparecer en cualquier curva.
A la orilla del lago salió el sol, juntamos los juncos que usaban los yámanas para tejer sus canastos y también los palos lavados que trae el agua con la tormenta. Los chicos se metieron en el Fagnano, pescaron nada más que galletas de tansa, yo encontré dos nuevas especímenes para mi colección 2004-2005 "piedras con forma de corazón", tomamos café hecho en cocina a leña con tostadas idem y el dulce de ruibarbo y a falta de nada mejor para hacer nos dedicamos a observar a todo los que pasaban por la cabaña de mi ayudante de manejo, a saber:
. como 100 vacas y toros, que iban a otro campo, arreados por un hombre a caballo
. un toro de vuelta, con añoranza
. dos vacas retrasadas, un poco gordas (hermanas en desgracia, ¿ no conocen alguna dieta para los que dejamos el cigarrillo?)
. un carancho presumido que nos caminaba por enfrente, de un lado a otro
. un zorro gris envolviéndonos en círculos para buscar comida, que nos terminó por aburrir y que muy aburrido él también, entró en la cabaña, sin que nadie le diese ni la hora
. tres golondrinas muy alegres
. una gaviota cocinera que volaba bajito
. un pescador con intenciones de mirar si había pique en el lago, del cual hablamos un poco más por ser el único humano que tuvimos cerca.
Al regreso la misma historia de los cambios de conductor, pero sin lluvia, con mucha tierra volando sobre nosotros. Al llegar a la ciudad, un policía en el puesto, preparado para hacernos detener la marcha.
Yo grité, asustada por el uniforme.
El chofer se puso nervioso, el auto comenzó a corcovear, las ruedas mordieron el ripio de la banquina y totalmente confundido don A., con su campera verde y el sombrero de paño, al estilo vaquero, apretó el acelerador y huimos,
huimos ante la mirada atónita del joven de azul que se rascó la cabeza y se quedó mirándonos sin atinar a nada...
Yo me sentí como una de esas heroínas de las películas, casi casi como Bonnie Parker, valiente, arriesgada, capaz de todo, con el pelo al viento y la cartera repletas de balas (bueno, esto creo que no es del film, sólo es invento mío). Y mientras continuábamos huyendo entre las familias ejemplares que también regresaban de un día de campo, observando de reojo a Clide, me puse a pensar
¿Por qué la culpa será tan contagiosa?
martes, noviembre 30, 2004
Sín título
Esta mañana, cuando me desperté, pensé que era domingo.
Dí vueltas en la cama, disfrutando del momento, mientras decidía que saldría a caminar por la costa de la bahía y que después no haría nada, pero nada de nada.
Sin embargo, había algo que no encajaba.
Y es que ayer no había sido sábado.
Dí vueltas en la cama, disfrutando del momento, mientras decidía que saldría a caminar por la costa de la bahía y que después no haría nada, pero nada de nada.
Sin embargo, había algo que no encajaba.
Y es que ayer no había sido sábado.
domingo, noviembre 28, 2004
Días alegres
Hace unos días me descubrí en el espejo una sonrisa constante, de esas que no se borran de la cara con nada y que van de oreja a oreja.
Yo no quiero sonreir, pero mi sonrisa está todo el día puesta.
Sonrío y sonrío. Hasta en los lugares donde no debo sonreir, sonrío.
He probado hasta lo imaginable para doblegar a mi sonrisa: lavandina, soda cáustica, llorar un poco. No hay caso.
Es una sonrisa invulnerable.
Una sonrisa que todo lo puede, menos lo imposible.
Y a lo mejor sólo de eso se ríe.
Yo no quiero sonreir, pero mi sonrisa está todo el día puesta.
Sonrío y sonrío. Hasta en los lugares donde no debo sonreir, sonrío.
He probado hasta lo imaginable para doblegar a mi sonrisa: lavandina, soda cáustica, llorar un poco. No hay caso.
Es una sonrisa invulnerable.
Una sonrisa que todo lo puede, menos lo imposible.
Y a lo mejor sólo de eso se ríe.
jueves, noviembre 25, 2004
Esta tarde
ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada
(más de la Pizarnik)
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada
(más de la Pizarnik)
Perfume de mujer
Hoy hubo recolección de ruibarbos.
Así se ven dentro de mi olla, a punto de ser convertidos en dulce.Es tanto el perfume que hay en mi cocina que me ha llegado al alma.
Y es sólo por perderme en este aroma que me gustaría vivir por los siglos de los siglos.
¡Felíz tarde de ruibarbos, Thirthe!!!!!!
¡Felices ruibarbos para todos !!!!!
lunes, noviembre 22, 2004
Bigamia
Mi vecino me adoptó como segunda esposa.
Ahora tiene dos mujeres para discutir o para que lo dejen hablando solo.
Viene tres o cuatro veces diarias para controlar que todo esté bien, que yo haya hecho los trámites del auto para que nos vayamos de vacaciones (juntos), que el perro no pase hambre y que mis hijas anden bien en la escuela. Se ocupa también de que me arreglen la computadora.
Cuando hace asado me pregunta si quiero poner un poco de carne a la parrilla, me invita a correr por el camino al aeropuerto (nunca llego a tiempo) y cuando yo voy de visita a su casa me sirve dos postres y café.
Para mí es una relación perfecta.
Me siento cuidada, pero al mismo tiempo libre como el viento.
Mi vecina agradecida.
Ahora tiene dos mujeres para discutir o para que lo dejen hablando solo.
Viene tres o cuatro veces diarias para controlar que todo esté bien, que yo haya hecho los trámites del auto para que nos vayamos de vacaciones (juntos), que el perro no pase hambre y que mis hijas anden bien en la escuela. Se ocupa también de que me arreglen la computadora.
Cuando hace asado me pregunta si quiero poner un poco de carne a la parrilla, me invita a correr por el camino al aeropuerto (nunca llego a tiempo) y cuando yo voy de visita a su casa me sirve dos postres y café.
Para mí es una relación perfecta.
Me siento cuidada, pero al mismo tiempo libre como el viento.
Mi vecina agradecida.
sábado, noviembre 20, 2004
Balance
Como dijo una poeta muy conocida por mí, este año:
He trabajado a destajo,
he sentido dolores óseos
a eso llama la buena gente
sentar
cabeza
De todas formas sigo pensando que:
Bordear el delirio
desentumece la realidad
Y estoy totalmente segura de que:
No poseo otra historia
que la de sospechar quién soy
Aunque no puedo olvidar que:
Toda planta frondosa
es una planta carnívora.
En las fabulaciones
de
la infancia.
¡Gracias A.L.!
He trabajado a destajo,
he sentido dolores óseos
a eso llama la buena gente
sentar
cabeza
De todas formas sigo pensando que:
Bordear el delirio
desentumece la realidad
Y estoy totalmente segura de que:
No poseo otra historia
que la de sospechar quién soy
Aunque no puedo olvidar que:
Toda planta frondosa
es una planta carnívora.
En las fabulaciones
de
la infancia.
¡Gracias A.L.!
jueves, noviembre 18, 2004
Efímero
Algo muy extraño se percibía en el aire.
Ya se había sentido durante la noche, por lo que algunos en findelmundo no pudimos dormir de corrido. Apenas abrí la puerta creí que entraba en una dimensión desconocida. La calle se veía diferente, desacostumbrada, con esos vapores que fluían desde la tierra. La poca gente con la que me encontré estaba tan confundida como yo.
La vecina, que había salido a sacar el perro, me miró asustada, clavando los ojos oscuros en los míos, no menos sorprendidos, como preguntando y ahora qué: ¿terremotos, ciclones, maremotos, rayos, auroras boreales, maldiciones, mal olor? Busqué mi lista de actividad diaria y me dediqué a tachar lo que no era muy obligatorio y un poco de lo obligatorio también.
Cancelé citas, saludos y recuerdos.
También comencé a buscar una valija que aún no desarmé de las vacaciones pasadas, tratando de hallar algo que me entrase (recuerden que no fumo más). Dejé el café a medio tomar, ya que me hervían los pensamientos y puse la heladera a hacer cubitos. Pensé con tristeza en la última adquisición turística de findelmundo: un enorme castor afelpado que se pasea por la arteria principal con su cola como pala, sacándose fotos con los viajeros y coleccionando dólares y euros. Por último, la curiosidad me llevó al termómetro que hay en la cocina.
¡14,8 º a las siete de la mañana !
Sin pensarlo dos veces volví a salir, esta vez para sacarle al castor su última foto. Recorrí cinco veces su hábitat, es decir la avenida San Martín, entré a un montón de negocios, pregunté por él en las oficinas de Turismo municipal, hasta intenté en el hospital y la veterinaria, por las dudas. Mi búsqueda fue en vano.
Hay cosas que duran tan poco en findelmundo...
Ya se había sentido durante la noche, por lo que algunos en findelmundo no pudimos dormir de corrido. Apenas abrí la puerta creí que entraba en una dimensión desconocida. La calle se veía diferente, desacostumbrada, con esos vapores que fluían desde la tierra. La poca gente con la que me encontré estaba tan confundida como yo.
La vecina, que había salido a sacar el perro, me miró asustada, clavando los ojos oscuros en los míos, no menos sorprendidos, como preguntando y ahora qué: ¿terremotos, ciclones, maremotos, rayos, auroras boreales, maldiciones, mal olor? Busqué mi lista de actividad diaria y me dediqué a tachar lo que no era muy obligatorio y un poco de lo obligatorio también.
Cancelé citas, saludos y recuerdos.
También comencé a buscar una valija que aún no desarmé de las vacaciones pasadas, tratando de hallar algo que me entrase (recuerden que no fumo más). Dejé el café a medio tomar, ya que me hervían los pensamientos y puse la heladera a hacer cubitos. Pensé con tristeza en la última adquisición turística de findelmundo: un enorme castor afelpado que se pasea por la arteria principal con su cola como pala, sacándose fotos con los viajeros y coleccionando dólares y euros. Por último, la curiosidad me llevó al termómetro que hay en la cocina.
¡14,8 º a las siete de la mañana !
Sin pensarlo dos veces volví a salir, esta vez para sacarle al castor su última foto. Recorrí cinco veces su hábitat, es decir la avenida San Martín, entré a un montón de negocios, pregunté por él en las oficinas de Turismo municipal, hasta intenté en el hospital y la veterinaria, por las dudas. Mi búsqueda fue en vano.
Hay cosas que duran tan poco en findelmundo...
sábado, noviembre 13, 2004
Money, money
viernes, noviembre 12, 2004
Psicópata americano
A ciertas personas no le confiaría ni mi perro; sin embargo tengo que reconocer que poseen el extraño poder de inmiscuirse en todos los ambientes y sacar a la superficie lo que está latente y nadie se anima a manifestar. Son como portavoces, en quienes otro tipo de gente deposita sus conflictos.
Neurótico, psicópata, cara y cruz, blanco y negro, en Argentina también fresco y batata. A uno le sobra responsabilidad, el otro ni sabe lo que es, uno se apodera de todas las culpas, el otro saca afuera la suya. Uno siempre duda, el otro jamás, uno se arrepiente, el otro se rie.
Podemos aprender mucho de un psicópata, pero hasta cierto punto, ya que si nos aprovechamos de él, ya nada nos diferenciará.
Psicópata: persona sin sentimientos, impulsiva, pero manipuladora, necesitada de grandes estímulos para saberse viva, carente de nervios, imposibilitada de aprender de la experiencia, impasible a premios y castigos, mentirosa. Por lo general muy seductora.
Neurótico, psicópata, cara y cruz, blanco y negro, en Argentina también fresco y batata. A uno le sobra responsabilidad, el otro ni sabe lo que es, uno se apodera de todas las culpas, el otro saca afuera la suya. Uno siempre duda, el otro jamás, uno se arrepiente, el otro se rie.
Podemos aprender mucho de un psicópata, pero hasta cierto punto, ya que si nos aprovechamos de él, ya nada nos diferenciará.
Psicópata: persona sin sentimientos, impulsiva, pero manipuladora, necesitada de grandes estímulos para saberse viva, carente de nervios, imposibilitada de aprender de la experiencia, impasible a premios y castigos, mentirosa. Por lo general muy seductora.
miércoles, noviembre 10, 2004
Despertar
martes, noviembre 09, 2004
lunes, noviembre 08, 2004
Más sobre cartas
Inspirada en este sitio sigo con el tema de las cartas, porque ya se sabe que a mí me gusta dar vueltas y vueltas sobre las mismas ideas.
Me están llegando muchas cosas desde tan lejos, primero el perfume de los higos, ahora la nostalgia por las cartas que ya no se escriben más y menos aún se reciben.
De todas maneras no es mucho lo que puedo decir, ya MH habló bastante.
En cuanto a eso de atar las cartas con una cinta, también es posible imprimir los mails, buscar un cordoncillo adecuado, una lazo de seda, una tira de rafia y catapultarlos a la posteridad. Esto hay que pensarlo muy bien, que un mail pase de dormir vaya a saber uno dónde hasta trasformarse en un objeto real, tocable, ya es demasiado; que se decida guardarlo, más aún y ni hablar de acomodarlo con sus congéneres e insuflarle vida en sociedad en este mundo palpable.
Tómense un tiempito antes de compar la cinta, quizás sean más eficaces los fósforos y están más a mano.
Gulp!!!!! No me esperaba este final.
Me están llegando muchas cosas desde tan lejos, primero el perfume de los higos, ahora la nostalgia por las cartas que ya no se escriben más y menos aún se reciben.
De todas maneras no es mucho lo que puedo decir, ya MH habló bastante.
En cuanto a eso de atar las cartas con una cinta, también es posible imprimir los mails, buscar un cordoncillo adecuado, una lazo de seda, una tira de rafia y catapultarlos a la posteridad. Esto hay que pensarlo muy bien, que un mail pase de dormir vaya a saber uno dónde hasta trasformarse en un objeto real, tocable, ya es demasiado; que se decida guardarlo, más aún y ni hablar de acomodarlo con sus congéneres e insuflarle vida en sociedad en este mundo palpable.
Tómense un tiempito antes de compar la cinta, quizás sean más eficaces los fósforos y están más a mano.
Gulp!!!!! No me esperaba este final.
sábado, noviembre 06, 2004
Hacía mil años que dormía y en el palacio todos esperaban
Pero un día ella finalmente abrió los ojos.
En la isla los besos con viento norte siempre han tenido el poder de despertar a los que duermen mucho. Apuestos principes ya lo habían intentado sin éxito, y no era por falta de dones y virtudes, todos escribían muy bien y a ella lo que más le gustaba era leer y no hacer nada pero al sol. Sus hadas madrinas lo probaron todo y, comprensivas, terminaron por callar sabiamente. Ese día todos en la ciudad se quejaban por el desmesurado y cálido soplo. Menos ella, que después de tantos días de estar callada, empezaba a tener ganas de hablar.
Y quién no dice que fueron los perfumados higos de Thirthe en los cuales ella no ha podido dejar de pensar y pensar, porque es la imagen más tentadora que se le ha cruzado por la cabeza durante los últimos tiempos.
Comerse al pie de la planta un higo un poco pasado, mancharse los dedos y la ropa, los zapatos....pero eso sí, no frente al Beagle sino mirando el Mediterráneo (en todo caso el Atlántico).
Vale.
En la isla los besos con viento norte siempre han tenido el poder de despertar a los que duermen mucho. Apuestos principes ya lo habían intentado sin éxito, y no era por falta de dones y virtudes, todos escribían muy bien y a ella lo que más le gustaba era leer y no hacer nada pero al sol. Sus hadas madrinas lo probaron todo y, comprensivas, terminaron por callar sabiamente. Ese día todos en la ciudad se quejaban por el desmesurado y cálido soplo. Menos ella, que después de tantos días de estar callada, empezaba a tener ganas de hablar.
Y quién no dice que fueron los perfumados higos de Thirthe en los cuales ella no ha podido dejar de pensar y pensar, porque es la imagen más tentadora que se le ha cruzado por la cabeza durante los últimos tiempos.
Comerse al pie de la planta un higo un poco pasado, mancharse los dedos y la ropa, los zapatos....pero eso sí, no frente al Beagle sino mirando el Mediterráneo (en todo caso el Atlántico).
Vale.
miércoles, octubre 06, 2004
Mirando al cielo
En Findelmundo estamos de primavera. Esta vez es cierto. Hoy fui a Playa Larga, una playa donde vivían los yámanas, de frente al mar, a los lobos marinos y a los mejillones, los recursos de su dieta. Me acosté un rato en el pasto que cubre los montículos de deshechos que ellos dejaron, mirando al cielo, y como todos los años, sentí que una energía antigua, poderosa me transpasaba.
Me gusta pensar que soy una yámana y que con sólo estirar mi mano puedo proveerme de mi postre preferido o juntar juncos para tejer un canasto. Pero no sé cómo me las hubiera arreglado para nadar en el Beagle o cuidar que el fuego nunca se acabara. O sea que prefiero ser como soy, aunque sólo sea para poder soñar que a veces soy como ellos.
He vuelto.
Me gusta pensar que soy una yámana y que con sólo estirar mi mano puedo proveerme de mi postre preferido o juntar juncos para tejer un canasto. Pero no sé cómo me las hubiera arreglado para nadar en el Beagle o cuidar que el fuego nunca se acabara. O sea que prefiero ser como soy, aunque sólo sea para poder soñar que a veces soy como ellos.
He vuelto.
sábado, septiembre 25, 2004
Mirando alcantarillas
Ultimamente ando mirando alcantarillas como Thirthe. Cuando pueda levantar mi cabeza y extender mi mirada hacia los demás, volveré a escribir en este blog. Esto es sólo para avisar que no me mató una tristeza, pero casi casi.
domingo, septiembre 19, 2004
Noticia
A veces nos llega una noticia muy esperada.
Sin embargo no logra alegrarnos. Es como encontrarse con un pájaro herido tendido sobre el pavimento.
Ya no es el vuelo de un ave, sus volteretas en el cielo, hubo un quiebre que aleja de golpe la esperanza, no podemos hacer nada para evitar la muerte, tan sólo morir de ella.
Sin embargo no logra alegrarnos. Es como encontrarse con un pájaro herido tendido sobre el pavimento.
Ya no es el vuelo de un ave, sus volteretas en el cielo, hubo un quiebre que aleja de golpe la esperanza, no podemos hacer nada para evitar la muerte, tan sólo morir de ella.
Secuestro Express
Estuve secuestrada tres días por una extraña mujer de aspecto nórdico y porte de modelo, que sin embargo no es ninguna de las dos cosas. Fuimos juntas a todas partes, ella no me dejaba alejarme, pero yo tampoco podía abandonarla, la llevaba conmigo por las dudas, por si en algun momento podía, por si tenía un ratito. Sus palabras me acompañaron todas esas noches hasta el umbral de los sueños y es muy probable que también se inmiscuyeran en ellos. Por las mañanas la encontraba cerca de mi almohada, expectante, con los ojos muy abiertos. Es decir que salvo lo muy obligatorio, estos días no he hecho casi nada, aparte de leer a la mujer rubia, Siri Hustved, en "Todo cuanto amé". Ningún otro libro logró estrujarme tanto el corazón y luego devolverme entera. No es fácil aceptar la evidencia con que la novela nos enfrenta: que jamás de los jamases sabremos quiénes son del todo los que nos rodean.
miércoles, septiembre 15, 2004
Remembranza
Ella no quería verlo.
De tanto recordarlo le había ido agregando esa luz en la mirada de la que antes carecía, una sombra de sabiduría en la comisura de los labios que no le había visto, un reflejo nuevo en el cabello, una dosis de empatía y dos de sinceridad. No, no quería, porque ya no se parecería en nada a su querido recuerdo.
La distancia entre uno y otro sería más monstruosa que la idea de no volver a verlo.
De tanto recordarlo le había ido agregando esa luz en la mirada de la que antes carecía, una sombra de sabiduría en la comisura de los labios que no le había visto, un reflejo nuevo en el cabello, una dosis de empatía y dos de sinceridad. No, no quería, porque ya no se parecería en nada a su querido recuerdo.
La distancia entre uno y otro sería más monstruosa que la idea de no volver a verlo.
domingo, septiembre 12, 2004
Un sueño con Marga
El post aparecido ayer en "Escritas desde Abril", sobre la trágica historia de la joven escultora Marga Gil Roëssel que se suicidó por amor, dicen, al escritor Juan Ramón Jimenez, quien la sedujo y luego la rechazó, como hacía con todas las mujeres, continuó revoloteando entre mis pensamientos, como ocurre siempre con lo que escribe Manuel H. Bastó que entornase los párpados, luego de un sábado agotador, para que Marga y Juan Ramón apareciesen entre mis brumas nocturnas. Ella, toda ojos grises, le reclamaba lo que él desde hacía tiempo le venía insinuando descaradamente. El, con su mayor cara de pavo, más aún que la que usó para escribir “Platero y yo”, le decía que estaba loca, que tenía unos rollos de película, porque él no sentía nada de nada y ella jamás le había movido un pelo. Marga, que vivía colgada de la nube más alta, esa muy cercana al cielo, merced a lo que él le había hecho creer, empezó a pensar que el hombre tenía razón, ella estaba muy loca pues había perdido el sentido de la realidad. No podía haberse equivocado en una cuestión así, en la que se había involucrado hasta los huesos. Entonces, para no hacer cargar a los demás con su horrorosa locura, Marga tomó un revólver y se disparó a la cabeza, es decir al sitio donde conviven las ideas y las sinrazones. No apuntó a su corazón, como hacen los que mueren por amor. Destruyó su cabeza, nido de su desvarío. ¡Pobre mujer, que nació en una época inadecuada! Si hubiese nacido en la nuestra, en lugar de suicidarse hubiese leído los artículos que escriben los psicólogos sobre los seductores compulsivos, en relación a los vínculos con la madre, el miedo a las mujeres, la imposibilidad de concretar nada con ninguna y hasta la posibilidad de que no sean ellas el objeto real de deseo. O hubiese escrito un blog y entre post y post tal vez encontraba un montón de amigos sensibles y ocurrentes que le hacían olvidar de esa ridícula historia con ese pobre y aburrido tipo.
Mis más grandes disculpas a Ana Serrano y a Manuel H. por soñar así, seguro que es porque duermo arriba y todo el calor de la casa va a parar a mi cuarto.
Mis más grandes disculpas a Ana Serrano y a Manuel H. por soñar así, seguro que es porque duermo arriba y todo el calor de la casa va a parar a mi cuarto.
viernes, septiembre 10, 2004
Dedicatorias
Hoy leí en un libro de C.Sagan, consultado para un trabajo, la siguiente dedicatoria
A Ann Druyann
En la vastedad del espacio y en la inmensidad del tiempo mi alegría es compartir un planeta y una época con Annie
Entonces, en lugar de ocuparme del trabajo, me quedé quieta, conmovida, como ausente. Decir que la alegría es compartir un planeta con alguien suena como la mejor expresión de amor, pero del amor en libertad. Se me ocurrió que podría recopilar nuestras posibles dedicatorias en el caso de que escribiésemos algún libro.
Sin duda, la mía sería esta:
A mis amores posibles, pero más a los imposibles.
Lamento decirlo, pero esto me pinta de cuerpo entero. Será Mad, mi vocación para la melancolía...
A Ann Druyann
En la vastedad del espacio y en la inmensidad del tiempo mi alegría es compartir un planeta y una época con Annie
Entonces, en lugar de ocuparme del trabajo, me quedé quieta, conmovida, como ausente. Decir que la alegría es compartir un planeta con alguien suena como la mejor expresión de amor, pero del amor en libertad. Se me ocurrió que podría recopilar nuestras posibles dedicatorias en el caso de que escribiésemos algún libro.
Sin duda, la mía sería esta:
A mis amores posibles, pero más a los imposibles.
Lamento decirlo, pero esto me pinta de cuerpo entero. Será Mad, mi vocación para la melancolía...
lunes, septiembre 06, 2004
Isleñas
Según dice mi hermana somos muy afortunadas porque tuvimos una infancia extranjera sin movernos del país. Por aquel tiempo Findelmundo era zona franca y la palabra globalización ni siquiera era un espermatozoide. Los chicos nos alimentábamos con chocolate Cadbury, chocolate con leche, con copos de arroz, con almendras o pasas de uva, de 100 gramos, de 50, miniaturas...Las madres, todas sin execpción, habían contraido unas peligrosas fiebres orientales y decoraban las salas con los mismos platitos chinos y cuencos de porcelada con dragones pintados. Los pocos pero surtidos comercios de la calle San Martín, regenteados en su mayoría por sefarardies, vendían mercería alemana, cigarrillos norteamericanos, botas italianas, pulloveres ingleses, comestibles españoles. Nosotras éramos expertas en doblar con el trineo en mitad de una bajada y vivíamos obsesionadas por construir un iglú que fuese inmune a los rayos del sol, como seguramente hacían los niños en otros continentes. Por el centro, aunque de turismo nadie hablaba se escuchaban lenguas desconocidas.
Será por eso tal vez o por el hecho de vivir en una isla o porque desde chica leía escritores de todo el mundo, que cuando dicen argentina no se me mueve un pelo.
En cambio, si escucho decir patagónica, ahí sí cambia el ritmo de mi corazón.
Será por eso tal vez o por el hecho de vivir en una isla o porque desde chica leía escritores de todo el mundo, que cuando dicen argentina no se me mueve un pelo.
En cambio, si escucho decir patagónica, ahí sí cambia el ritmo de mi corazón.
La bahía encerrada
La bahía Encerrada era su océano privado. El agua llegaba casi hasta el camino que iba al viejo aeropuerto y que pasaba frente a su casa. En la orilla no había ningún árbol tras el cual uno pudiese esconderse de los fuertes vientos del sudoeste; en su lugar una inmensa piedra granítica la hacía invisible desde su casa. Ella siempre quiso tener patines blancos, como los de los cuentos de las patinadoras suecas, pero los tenía negros, porque por esos días en Findelmundo no se podía andar con demasiadas pretensiones. Durante los inviernos, cuando no iba a la escuela, se pasaba la tarde allí, en la bahía, cruzando de un lado al otro, aunque esquivando el área del centro, donde había unos cuantos metros de profundidad, deleitándose con el sonido del hielo al frenar, la nariz helada, las mejillas endurecidas de frío. Había días en que patinaba con amigos, otras era la dueña exclusiva del mágico territorio. Una tarde estaban ella y a metros y metros de distancia, sin casi verse de tan alejados, un chico conocido. En un momento ella pensó que el muchacho se había marchado, porque ya no lo veía más, hasta que escuchó una voz que se destacaba entre las voces de los pájaros, una voz tan intensa como nunca había escuchado en su vida y que hasta parecía provenir desde el mismo corazón de los hielos. La voz rezaba, mas bien imploraba , mejor gritaba un padrenuestro. Ella afiló la mirada, sin distinguir nada más que la chata extensión de hielo. Enseguida la voz que partía el alma llevó su mirada hasta la cabeza del chico, que descansaba sobre la superficie congelada de la bahía; pequeña, desacostumbrada, lejana, como si fuese una pelota abandonada. Ella quedó atontada, paralizada, impedida de moverse, pensar y respirar. Como entre sueños sintió la necesidad de ir a buscar ayuda, pero la gente comenzó a agruparse en la pasarela, del otro lado de la bahía. Buscaron una soga, aventurándose sobre el hielo, aunque desde ese sector no era posible avanzar, la ligera capa amenazaba con romperse en cualquier momento. Pasaron los minutos, el rezo se imponía sobre todo ese panorama de gente y vehículos. Finalmente con un bote, rompiendo el agua cristalizada , llegaron hasta él, que continuaba rezando, como enloquecido. Cuando lo bajaron del barco le arrancaron el mameluco de trabajo que llevaba puesto, lo desnudaron y le dieron masajes con nieve primero, después le tiraron agua fría, luego tibia, así, así, hasta llegar a caliente. Los médicos fueron terminantes: había ocurrido un milagro. Que ellos supieran ningún mortal había soportado cuarenta minutos con el cuerpo sumergido en el agua helada., las manos soldadas al espejo roto de hielo. Desde esa tarde ella empezó a decir que le aburría mucho perder la tarde patinando.
domingo, septiembre 05, 2004
Aclaraciones a El Paraíso, a veces
Después de esa casa pasé por 5 más en Findelmundo y todo augura que se viene la sexta, no sé si la definitiva pero sí la que tenga el mismo color que yo. Una casa dolorosa, ya que para llegar hasta ella tendré que saltar sobre una parte importante de mí, tan importante que creo que la que se va a mudar va a ser sólo mi sombra. Dolorosa pero quizás felíz, en que finalmente ataré mis cabos y quién sabe. Las montañas de Argentina y Chile siguen casi iguales, salvo sus glaciares, que como todos saben se hallan en retroceso. En la bahía hace muchos años que no se puede patinar, ya que allí dentro desembocaban las cloacas de la ciudad y se contaminó. Ahora la están rellenando con tierra y la zurcan un par de caminos muy feos. Así y todo se siguen congregando los patos a vapor y los crestones, las gaviotas cocineras y las grises, los pobladores que van a correr y a caminar por sus orillas y los turistas que sacan fotos. Findelmundo creció mucho desde ese entonces, ya no nos conocemos todos como antes, la vida ya no es tan placentera y, como en todas partes, hay que luchar para conseguir lo que antes sobraba. Del barrio ese ni noticias, porque allí cambia la gente todos los años. Con Patricia me he vuelto a reencontrar a través de Internet y acabo de mandarle la dirección de mi blog. Y yo, sigo siendo la misma, es decir que a pesar del paso de los años no he crecido mucho, me siguen asombrando infinidad de cosas con la misma intensidad, me ilusiono, me enamoro de quien no corresponde, me pongo loca y triste, a veces me da que todo me hace llorar y otras soy capaz de subir de noche la montaña más alta. Pero eso sí, ya no fumo más.
Lo incognoscible, de Ronald Barthes
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(De todos los que conocí X...era con absoluta seguridad el más impenetrable. Esto provenía de que no se conocía nada de su deseo: ¿conocer a alguien, no es solamente eso: conocer su deseo?
...................
Inversión: No llego a conocerte quiere decir No sabré jamás lo que piensas verdaderamente de mí . No puedo descifrarte porque no sé cómo me descifras.
...................
Me sobrevive entonces esa exaltación de amar a fondo a alguien desconocido, y que lo seguirá siendo siempre: movimiento místico: accedo al conocimiento del no conocimiento.
O aún más aún: en lugar de querer definir al otro (¿Quién es él?), me vuelvo hacia mí mismo: ¿Qué es lo que quiero, yo, que quiero conocerte?¿Qué sucedería si decidiese definirte como una fuerza y no como una persona?¿Y si me situase a mí mismo como otra fuerza frente a tu fuerza? Ocurriría ésto: mi otro se definiría solamente por el sufrimiento o el placer que me da.
(De todos los que conocí X...era con absoluta seguridad el más impenetrable. Esto provenía de que no se conocía nada de su deseo: ¿conocer a alguien, no es solamente eso: conocer su deseo?
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Inversión: No llego a conocerte quiere decir No sabré jamás lo que piensas verdaderamente de mí . No puedo descifrarte porque no sé cómo me descifras.
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Me sobrevive entonces esa exaltación de amar a fondo a alguien desconocido, y que lo seguirá siendo siempre: movimiento místico: accedo al conocimiento del no conocimiento.
O aún más aún: en lugar de querer definir al otro (¿Quién es él?), me vuelvo hacia mí mismo: ¿Qué es lo que quiero, yo, que quiero conocerte?¿Qué sucedería si decidiese definirte como una fuerza y no como una persona?¿Y si me situase a mí mismo como otra fuerza frente a tu fuerza? Ocurriría ésto: mi otro se definiría solamente por el sufrimiento o el placer que me da.
Lecturas
Estoy en esos tiempos en que no puedo leer ningún libro entero. No paso de la quinta página de ninguno, que me adelanto, me doy aire con las páginas mientras busco frases sueltas, retazos, un párrafo donde me encuentre. Las pilas arriba de mi cama amenazan con venirse abajo; otras ya están en el piso. Encuentro los libros de siempre, de esas mujeres eternas y me pierdo por momentos, deleitándome con mi sombra allí acurrucada. Pero no soy ellas. Creo que mi cabeza se está acostumbrando demasiado al formato post. Otra cosa ya no le cabe. Quiero que me digan todo así, con fecha y hora de salida y que siempre me dejen un lugar para el comentario. Abrir mi Findelmundo y que estén aquí, para leer una y otra vez y poder entrar en la casa de todos y de allí saltar a otras y que me cueste volver.
Pero yo sabía, yo me conozco y sabía que esto iba a pasar...Nunca tuve términos medios.
Pero yo sabía, yo me conozco y sabía que esto iba a pasar...Nunca tuve términos medios.
sábado, septiembre 04, 2004
Goodbye, welcome
Están guarecidos en el interior del camarote, sentados sobre las camas, con la mirada expectante. Por el ojo de buey controlan los animados movimientos del puerto de Buenos Aires. El "Bahía Thetis" se prepara para comenzar su último viaje; luego será vendido como rezago, aunque ellos lo ignoran aún, como también ignoran lo qué se siente cuando no existen puntos de referencia. Por las dudas tienen las manos firmemente asidas de los caños de las literas. El barco se esfuerza en el primer movimiento, lento, pesado, mientras su saludo de despedida los distrae y hace menos cruenta la transición entre sólido y líquido, aunque el sonido de los motores ya no cesará. Poco a poco estos pasajeros comienzan a animarse a los corredores, el comedor, la cubierta. Los mayores se reúnen a beber tragos con nombres caribeños. Los críos forman una disparatada tribu de entre cuatro y 16 años que corretea todo el día de allá para acá, ignorando a la perfección que un poco más abajo se desatan los abismos. Juegan a las cartas, los dados, la sopa de letras, se buscan desde temprano entre el ruido de las tazas amarillentas y cachadas que exhiben ya sin orgullo el logo del barco con el ancla pintada de azul y el olor a café recién molido.
A ella le cuesta dormirse. Varias veces durante la noche se incorpora para verificar que el agua que se ve por la pequeña ventana no haya sobrepasado la mitad de la misma, que el ruido de los motores siga teniendo la misma intensidad. También cuenta las horas que faltan para el desayuno. Juega mucho con J. que le enseña juegos nuevos y parece obviar que ella está siempre con las mejillas a punto de estallar y que apenas habla. La noche en que coinciden sin querer en la cubierta, aunque sea a un metro y medio de distancia, ella siente ganas de que el barco no pueda encontrar la ruta y quedé allí, deambulando confundido, por los años y los años. Sin embargo, a la madrugada siguiente despiertan a todos los chicos para que no se pierdan el pasaje por el bravo Le Maire, que separa la Tierra del Fuego de la isla de los Estados. La tripulación comenta que es el mejor viaje del año, que el mar parece un tierno lago, que es de no creer. Horas después arriban a una inmensa bahía rodeada de montañas, en la que sobresale un caserío multicolor. Es 24 de diciembre y caen algunos copos de nieve. Ella se esconde para llorar, ya que Findelmundo no es como se veía en sus sueños. Nadie le dice que hasta una estancia en el paraíso requiere de un duro período de acostumbramiento. Ese año había cumplido los doce.
A ella le cuesta dormirse. Varias veces durante la noche se incorpora para verificar que el agua que se ve por la pequeña ventana no haya sobrepasado la mitad de la misma, que el ruido de los motores siga teniendo la misma intensidad. También cuenta las horas que faltan para el desayuno. Juega mucho con J. que le enseña juegos nuevos y parece obviar que ella está siempre con las mejillas a punto de estallar y que apenas habla. La noche en que coinciden sin querer en la cubierta, aunque sea a un metro y medio de distancia, ella siente ganas de que el barco no pueda encontrar la ruta y quedé allí, deambulando confundido, por los años y los años. Sin embargo, a la madrugada siguiente despiertan a todos los chicos para que no se pierdan el pasaje por el bravo Le Maire, que separa la Tierra del Fuego de la isla de los Estados. La tripulación comenta que es el mejor viaje del año, que el mar parece un tierno lago, que es de no creer. Horas después arriban a una inmensa bahía rodeada de montañas, en la que sobresale un caserío multicolor. Es 24 de diciembre y caen algunos copos de nieve. Ella se esconde para llorar, ya que Findelmundo no es como se veía en sus sueños. Nadie le dice que hasta una estancia en el paraíso requiere de un duro período de acostumbramiento. Ese año había cumplido los doce.
jueves, septiembre 02, 2004
Niña
Tiene nueve años. Tres veces a la semana la mandan a la Escuela de Bellas Artes a estudiar dibujo, pintura y modelado después que sale del Eucarístico. El establecimiento queda a siete cuadras de su casa, caminando por la diagonal. A veces va sola y cuando esto sucede lo que más le gusta es pasar por la fábrica de dulce de leche, aunque ya no recuerda el motivo. El camino lo conoce de memoria, pues casi todas las mañanas va a la biblioteca infantil ubicada en el mismo edificio. La bibliotecaria no puede entender cómo hace para leer tan rápido y la tiene registrada como la mejor lectora de su edad. Ella piensa que ni vale la pena aclarar que a veces sólo mira los libros. Le gusta mucho dibujar, pero es desprolija para pintar y muy torpe para el modelado. Las estecas se le pierden. Le molesta la aspereza de las manos luego de acariciar la arcilla. Odia el olor de la témpera. Las escaleras del viejo edificio están muy gastadas. Hay muebles con espejos y puertas de vidrio por todos lados con obras de los alumnos. Una tarde mientras espera para entrar a clase se reconoce en un espejo. Es la primera vez que se ve entera, que tiene una imagen tan elocuente de su cuerpo. Se observa muy alta, demasiado para seguir llevando los zoquetes y los zapatos guillermina que hacen parecer enormes sus pies. Se siente inhibida. No ve la hora de llegar a su casa. Cuando lo hace se saca las medias y los zapatos. Nunca más los volvería a usar, nunca más podría alejarse de los espejos ni dejar de esperar la sensación de ridículo. Y ni siquiera había escuchado hablar de Findelmundo.
miércoles, septiembre 01, 2004
Neurótica
Hoy anduve haciendo trámites, visitas, compras, gimnasia, todo junto por las calles más empinadas de Findelmundo, bajo un sol increible. Quizás no entiendan lo importante que es para nosotros un día lindo. Toda la gente estaba de muy buen humor, también combinando los soleados aires del Beagle con escapadas del trabajo y esas cosas. Yo ya no funciono sin sol, aunque los días grises también me gustan, de vez en cuando. Con sol no sólo me lleno de energía, sino que la cabeza saca a relucir viejos sueños que andaban un poco olvidados. Volví a pensar en una mujer sobre la que me pasé un par de años investigando y todavía no escribí nada serio. Quizás ahora pueda ponerme a realizar ese trabajo, aunque tampoco sería malo descansar algo más, antes de apasionarme de nuevo.
¡No sé por qué no puede pasar un día sin que me complique la vida! Por qué no podré ser como algunas de las mujeres de mi barrio, que son felices en su casa y no necesitan nada más. Yo necesito muchas cosas y pareciera que al final ninguna me contenta del todo. Me sucede algo así como a los seductores compulsivos que van de conquista en conquista porque ninguna mujer puede llenarles el vacío. Dentro de todo lo mío es una suerte, porque no hago sufrir a nadie en mi búsqueda. ¿O sí?
¡No sé por qué no puede pasar un día sin que me complique la vida! Por qué no podré ser como algunas de las mujeres de mi barrio, que son felices en su casa y no necesitan nada más. Yo necesito muchas cosas y pareciera que al final ninguna me contenta del todo. Me sucede algo así como a los seductores compulsivos que van de conquista en conquista porque ninguna mujer puede llenarles el vacío. Dentro de todo lo mío es una suerte, porque no hago sufrir a nadie en mi búsqueda. ¿O sí?
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