lunes, octubre 09, 2006

San Julián

El viernes me voy un par de días a San Julián, en Santa Cruz, a 900 kilómetros de fin del mundo. Me inivitó una escritora a la que conocí buscando datos de un viejo patinador para un trabajo.
Mis amigas me convencieron de que me tome un ómnibus y deje el auto guardado, con lo que me gusta manejar a mí por caminos desolados. Pero tienen razón, este año hice muchas cosas dobles, dos de una, dos de otra y dos más de otra. Estoy cansada. Entonces me dejaré llevar por caminos de ripio, seré interrumpida por piños de ovejas que quieren cruzar la ruta, por el viento en el estrecho de Magallanes mientras llega la balsa, por ahí le convidaré un mate al chofér o algún gringo de hablar cortado, voy a leer el libro del centenario de esa ciudad en el camino, para no perderme nada, tomaré notas para unos artículos que escribo, observaré, conoceré otros patagónicos que escriben, tomaré vino, caminaré por esa inmensa playa donde construyeron una réplica de la nave de Magallanes que tocó tierra en ese lugar argentino por primera vez (creo).
No sé que tiene San Julián, una ciudad muy patagónica de calles anchas, que siempre me ha atrapado. Me gustaría pasarme allí unas largas vacacaciones, olvidada del mundo, porque para estas épocas findelmundo es demasiado quilombo.
La primavera les pega muy fuerte a todos en los lugares de frio.